Boris Bernal Mansilla
Los principales periodos de la historia universal de la humanidad no se distinguen entre si por la estructura socio-económica de la sociedad y por el sistema de sus organizaciones políticas, sino también por los ideales que en ellos dominan. Cada Periodo de la historia tiene un credo ideológico.
Las ideas que ejercen influencia en los destinos de la humanidad son geniales y sencillas. Así son las ideas de Juan Claudio Lechín. Quien aborda la realidad nacional con espíritu creador, constituyéndose en el pivote del nuevo pensamiento boliviano y latinoamericano.
En nuestros días tienen lugar en la vida de la sociedad enormes transformaciones, que abarcan las esferas de la exigencia social. La ciencia y la técnica avanzan vertiginosamente.
Convergiendo en pensamiento latinoamericano como síntesis epistemológica Lechín describe: “El pensamiento que se implementó en la República no fue funcional para ordenar la cultura que somos. Fue un pensamiento de origen germánico y que describía las necesidades y las formas de organización posibles de esa cultura, más no de la nuestra. Culminada la Independencia habíamos roto con nuestro pasado colonial y con varias formas del conocimiento acerca de nosotros que habíamos acumulado en ese tiempo. Las ideologías germánicas, en adelante, nos convencerán de su universalidad y nosotros haremos un trueque devastador: adquirir la modernidad a cambio de renegar de la infancia de nuestra historia: la colonia. Sin embargo, ni los individuos ni las colectividades sintonizan categorías del pensamiento o de la estética si no tienen alguna vinculación, algún puente previo que permita esa adquisición.
Las tres líneas políticas que se hicieron la formación del Estado colonial buscarían emparentarse con las ideologías germánicas del siglo XIX. Y aunque muy distintas en los contenidos, tuvieron eslabones que permitieron engarzar lo que éramos con lo que queríamos ser. En el fondo son psicologías de la cultura que se disfraza o mimetiza de los paradigmas vigentes para pervivir. Veamos las tres ideologías políticas de nuestra infancia colonial que luego se disfrazarán de ideologías germánicas.
El descubrimiento de América desarrollara un pensamiento ferviente que en 1550 tiene su encontrón más notorio en la “Controversia de Valladolid”, entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda; colisionando dos ideologías políticas “el indio o pueblo moral”, y “el civilizador”".
Estas dos posiciones no concertaron pues las lógicas de época eran lógicas maniqueas, del bien y el mal sin matices, de opuestos irreconciliables. Indio moral y civilizador harán dos líneas políticas que se mantendrán enfrentadas en nuestra historia hasta hoy.
“El rey Felipe II resuelve esta pugna ideológica haciendo un pacto con los caciques indígenas y conforma dos repúblicas bajo el mismo orden: la de españoles y la de indios. El pacto dará origen al Estado colonial que va a perdurar por 250 años. Como esta arquitectura no hizo teoría sistematizada, sería el vivir de la sociedad colonial, la constatación empírica en la periferia americana, lo que daría los insumos para la tercera línea política que pervive hasta hoy con nuevos nombres y nuevas consignas.
Más que un pensamiento quedaría como la percepción de un sistema estable que a grosso modo se compone de los siguientes postulados: estado fuerte, caudillo paternal, pacto hegemónico con el pueblo, rescate de las tradiciones, lo político sobre lo económico. A esta línea la llamaremos Estado paternalista”.
La formación de esta concepción del mundo y nuestra realidad presupone el despojo de los prejuicios ideológicos heredados. Hallarnos en la descalces de nuestro ser y nuestra verdad. Convergiendo en nuestro pensamiento, el latinoamericano.
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on noviembre 20, 2008
at jueves, noviembre 20, 2008
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Pensamiento político
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