17 de noviembre de 2010

Despotismo y Totalitarismo


Por: AYRA

“La diferencia entre un régimen simplemente autoritario y uno totalitario está en que el primero quiere que no se le ataque, y el segundo considera un ataque todo lo que no es un elogio”. Al principio le basta con que no se le desfavorezca; el segundo pretende además que nada se haga que no le favorezca”.

En la actualidad, las cosas “parecen haber cambiado” y este escenario impone una otra lectura de la realidad. Las Leyes llueven, pero nadie sabe si se cumplirán, al mismo tiempo se abren horizontes donde la repetitividad marca el tono y el carácter feudal de las instituciones y una economía capitalista sin liderazgo empresarial; ¿entonces es el carácter feudal-capitalista que produce un despotismo a partir de las instituciones liberales?

Es importante caracterizar el régimen político indigenista; el problema consiste en saber cómo pudo injertarse un poder autoritario en una sociedad acostumbrada de larga data a las instituciones liberales. El modelo político actual si bien pregona todos los días la “práctica de la democracia”, la “participación de la ciudadanía en la elaboración de leyes”, y expone los “grandes logros económicos y sociales”, en los hechos, lo que más marca la vida del ciudadano es el ejercicio despótico y una dictadura brutal; los dos términos no son redundantes, pues despotismo es el gozo del poder en nombre del “vivir bien” en el orden de las relaciones de parentesco y es dictadura, por que utiliza las instituciones liberales (órgano jurídico y otros) para perseguir adversarios políticos e ideológicos que buscan preparar la alternativa al post-evismo; si bien el MAS pregona la Revolución, pero desde hace tiempo, funciona ya como un régimen reaccionario y oscurantista.

En este péndulo entre despotismo y dictadura, juega un papel importante el arte del manejo de la imagen y la palabra dirigida al mundo campesino bautizado de “indígenas”; pues se diseña la fisonomía, la imagen, del “nosotros” y los “otros”; se insiste en la reproducción del poder de simulación: “nosotros hemos sufrido 500 años, y ahora acabaremos con toda discriminación social o racial” para que todos sean iguales, ¿es un verdadero pensamiento de unidad? o ¿simplemente una pretexto que alimenta la venganza y la dominación de un poder retrogrado?

De este modo, la versatilidad del jefe, al amparo de su mutismo sobre los grandes temas de Estado, parecen profundos, y el oportunismo enigmático una sabiduría; sus colaboradores murmuran diciendo las palabras pomposas hacen olvidar los mediocres resultados económicos y sociales y terminan por no distinguir una cosa de otra.

El régimen ha encontrado las técnicas para manejar la opinión pública, y éstas se fundan en las relaciones entre el poder y la prensa. Y esa es la finalidad de la Ley Anti-racismo, se configura todo un conjunto de artimañas que consiste en no suprimir la “libertad de prensa”, sino canalizarla, guiarla a la distancia, empleando mil estratagemas.

La más inocente de tales artimañas es, por ejemplo, la de hacerse criticar por uno de los periódicos a sueldo a fin de mostrar hasta qué punto se respeta la libertad de expresión o hacerse criticar por ex funcionarios y ex aliados convertidos en analistas políticos y finalmente recibir llamadas en radio “Patria Nueva” desde “diferentes puntos del país” con gente organizada previamente.

Por ahora, el despotismo boliviano deja en libertad a un sector de la prensa (con autocensura e intimidación); y en el otro, el Estado mismo se hace periodista y sostiene el discurso de la Verdad. En esta visión profética, el Estado se apropia del más influyente de todos los órganos de prensa del país: la radio-televisión comunitaria y posiblemente con el Art.16 (Ley Anti-racismo) el régimen se convertirá en la oligarquía y el potentado en medios de producción de la sub-información.

El Estado y el régimen despótico, (si no miente en mil idiomas) ha constituido todo un sistema de sub-información, y cuanto mayor es ésta, menos la perciben los ciudadanos y ahí empieza el desquiciamiento y la complicidad con poder totalitario. En estos cuatro años el MAS ha aprendido que todo el arte de oprimir consiste en saber cuál es el umbral que no conviene trasponer, no mucha censura, ni mucha libertad real. A partir de ahí, lo que busca el poder indigenista es, que la ciudadanía no se indigne por los problemas de la prensa o de información, que los periodistas aparezcan como la “raza” mas impopular de la sociedad.