22 de junio de 2011

Hacia el “Estado Paria” II

No creemos habernos equivocado días atrás, al decir desde esta columna que el gobierno de Evo Morales conduce a Bolivia a un preocupante aislamiento internacional, al punto de convertirla en una suerte de “Estado Paria”.

La Cancillería del Brasil acaba de enviar una clarísima señal en ese sentido, al incluir en su página web un artículo del analista Carlos José Marques que realiza fuertes críticas hacia la legalización de autos “chutos” en nuestro país.

La inclusión de este artículo no es inocente ni casual. Se trata de un poderoso mensaje emitido desde Itamaraty, núcleo del mayor aparato diplomático de América Latina, que por esta vía le advierte al régimen evo-linerista sobre el malestar regional creado por sus políticas.

Bajo el título de “La legalización del robo”, la nota de marras define a la norma aprobada por el oficialismo boliviano como “uno de los mayores premios a la delincuencia organizada de los que se tiene noticia en la historia humana”.

Y citamos extensamente: “Vehículos robados o de contrabando, traídos principalmente de países como Brasil y Chile, se han convertido, de la noche a la mañana en productos lícitos, con la documentación al día y aptos para su uso sin riesgo de confiscación por parte de la policía local. En una estimación conservadora, hay más de diez mil autos robados a brasileños -y vendidos en Bolivia por los bandidos a cambio de drogas- circulando por las ciudades como la capital La Paz. Aproximadamente cuatro de cada diez vehículos del parque automotor boliviano tienen ese origen”.

El artículo también cuestiona “La laxitud de los controles fronterizos, la connivencia de fiscales corruptos y un gobierno que hace de la vista gorda”, confirmando que la administración de Evo Morales es percibida como corrupta a nivel internacional.

Percepción que ciertamente comparten los bolivianos, para quienes, de acuerdo a un sondeo reciente, la corrupción ha pasado a ser la preocupación principal, sólo empatada por la inseguridad ciudadana.

El artículo reproducido por Itamaraty señala que “El fanfarrón Morales, al que le gusta hacer populismo con el patrimonio ajeno (…) alienta abiertamente, sin reclamos, un complejo sistema de ilegalidades que da ganancias y mercado a los ladrones, beneficiarios y una amplia gama de criminales -muchos de ellos operando directamente desde las cárceles. La peligrosa concesión puede hundir aún más peligrosamente al continente en el laberinto de la ilegalidad y del subdesarrollo”.

Si no era suficiente la vergüenza nacional provocada por el affaire Vahidi, que amenaza con malograr las relaciones bilaterales con Argentina, ni el paseo militar por Chile que culminó con un virtual pedido de disculpas por parte del vicepresidente boliviano, la legalización de “chutos” y el narcotráfico están socavando seriamente los nexos con el Brasil.

En buena medida, esto es el resultado de la política de “relaciones carnales” con Venezuela e Irán, que pone a Bolivia al servicio de los intereses de esos Estados y al mismo tiempo la condena al aislamiento internacional.