7 de abril de 2013

La humildad franciscana en un papa jesuita



Por: Rodolfo Faggioni

Jorge Mario Bergoglio el sucesor del Papa Benedicto XVI ha elegido llamarse Francisco como el Santo de Asís. Es el primer Jesuita que llega a ocupar el trono de San Pedro, es el primer Papa que viene del Sur del Mundo y es el primer Papa que toma el nombre de un 
humilde y pobre fraile franciscano.

Jorge Mario Bergoglio que nace en una familia católica de media burguesía frecuenta escuelas comunes y se gradúa como técnico químico. En 1957 entra en la Compañía de Jesús como novicio y en 1969 es ordenado sacerdote. A partir de entonces hizo una larga carrera dentro del órden de la Compañía siendo nombrado en 1973 Provincial de los Jesuitas argentinos. En mayo de 1992 es elegido Obispo Auxiliar de Buenos Aires y en 1992 Arzobispo y Primado de la Iglesia Argentina. Durante el concistorio de Febrero de 2001, el Sumo Pontífice Juan Pablo II lo nombró Cardenal de la Iglesia Católica.

Como Obispo y Cardenal se ha puesto al servicio de los pobres y humildes, de los necesitados y excluídos, criticando severamente la desigualdad social, censurando siempre la corrupción, el egoismo, la inmoralidad y la sed de poder y de dinero, y como buen jesuita ha sido siempre indócil al poder ejercido con la violencia y la prepotencia. Ha mostrado siempre una actitud favorable al coloquio interrreligioso intensificando el diálogo entre las distintas religiones siendo muy apreciado por rabinos judíos e imanes musulmanes.

Es extremamente humilde, austero y espontáneo en su corazón y en su vida cotidiana. Como Arzobispo de Buenos Aires vivía en un modesto apartamento renunciando al Palacio Episcopal y desplazándose por la ciudad con medios de locomoción públicos. En Roma ha decidido hacer de la modesta Casa de Santa Marta su residencia. Ha rechazado el ornamento pontificio, ha cambiado el oro por la plata y los zapatos rojos por los negros que usa desde años. Ha cambiado su antiguo anillo por el Anillo del Pescador en plata dorada y no en metal precioso. Usa el casquete más sencillo y la mitra solamente en ocasiones solemnes y una cruz pectoral en hierro oscurecido. Ama usar un jeep blanco descabotado y sin blindaje en vez del famoso “papamóvil” a prueba de balas, caminando en total libertad y sin miedo a ser lastimado. Son sólo detalles que significan regresar a una Iglesia humilde, sencilla que viva la pobreza evangélica y no hay duda que dejará huellas positivas en la bimilenaria historia de la Iglesia Católica.