25 de agosto de 2013

Estudio afirma que los Uru-Chipaya le dieron más usos a la coca que los aymaras y quechuas

Periódico Digital PIEB • La milenaria cultura de los Uru-Chipaya le dio más usos a la coca que los propios aymaras y quechuas, pues la hoja andina estuvo presente de manera más concentrada y permanente para fines energéticos, nutricionales, etnosociales, económicos, medicinales y religiosos, revela el estudio del antropólogo e investigador boliviano, Álvaro Díez Astete.
Según el autor del trabajo "Estudio histórico, cultural, antropológico en Bolivia" a ser publicado en octubre de este año, la coca, cultura e integración” presentada durante el IV Foro Internacional de la Hoja de Coca realizado en La Paz, el trabajo fue realizado en los cuatro puntos cardinales del país como la Amazonía, la Chiquitanía, el Chaco y el extremo occidente del altiplano.
Díez Astete identificó cinco usos de la hoja de coca en Bolivia, como constantes actuantes en las diferentes etnias indígenas y campesinas, para lo cual consideró al pueblo de los Tacana del norte amazónico, Chiquitano del oriente, Guaraní del Chaco, Uru Chipayas del altiplano y Afroboliviano de Los Yungas.
Los cinco usos referidos a fines energéticos, medicinales, etnosociales, sociales y económicos, y religiosos, fueron contrastados entre las diferentes etnias y zonas ecológicas del país, lo que generó hallazgos muy importantes.
“Los resultados que se encontraron es que -excepto los últimos usos de carácter botánico religioso, tradicional andino, los otros cuatro usos son realmente practicados tanto en la Amazonía, en el oriente chiquitano, como en el Chaco guaraní, pero en el occidente extremo, los Uru-Chipaya -que representan posiblemente la supervivencia biológica más antigua del mundo andino a través de diferentes procesos culturales- son quienes nos han mostrado que utilizan la coca en estos cinco aspectos de una manera mucho más concentrada, inclusive me atrevería a decir mucho más concentrada y constante que en las culturas aymara y quechua”, subrayó.
Los usos energéticos y de complemento nutricional –dijo el investigador- se refieren a la masticación de la coca, práctica indisoluble ligada al trabajo, ya que tiene la bondad de alejar el hambre y el sueño y por tanto el agotamientos en el trabajo, en situaciones en que las poblaciones indígenas se debaten en medio de la pobreza.
“Es un hecho definitivamente claro porque son poblaciones étnicas minoritarias que representan la vida en medios ecológicos tradicionales ancestrales. Entonces, la pobreza que se instala a partir de las colonizaciones y formas de colonización extranjera, es bandeada por el uso energético de la hoja de coca. Este uso energético sin embargo se ha extendido al uso generalizado en Bolivia, y ya no es necesario ser pobre para ser beneficiario del uso energético de la hoja de coca”, dijo.
En cuanto a los usos etno-sociales de la hoja de coca, señaló que están relacionados al simbolismo religioso andino, y surgen de una serie de ritualizaciones sociales de la hoja de coca de carácter étnico para mostrar momentos importantes de la vida, como nacimientos, cambios de edad, ingreso y salida del servicio militar, matrimonios, defunciones, asunción de cargo de responsabilidad comunitaria, inicio y culminación de obras, así como festividades y representaciones dramatúrgicas.
Según Díez Astete, las manifestaciones etnosociales con la intervención de la hoja de coca adquirieron un fuerte carácter de solidaridad social en el plano familiar, comunitario y universalista, constituyéndose la hoja de coca en un decantado simbolismo de identidad étnica que se extiende por su importancia política.
Los resultados en el uso social y económico dijo que son más de carácter sociopolítico que de carácter sociocultural porque se refieren a su producción, distribución y consumo. Desde la colonia hasta el presente, señaló que la coca formó parte de los circuitos de la economía política de las sociedades indígenas campesinas, y del Estado boliviano en su conjunto.
“El uso social y económico de la coca tiene una representación mental, racional y afectiva que posibilita la existencia de una realidad equilibrada de la cultura”, señaló.
En cuanto al uso medicinal afirmó que la hoja de coca es un elemento esencial en la medicina tradicional porque está presente en el diagnóstico de enfermedades hasta su pronóstico e interviene tanto en el plano cognitivo terapéutico como en el empírico a través de la aplicación que se realiza de sus diversas propiedades curativas.
Según el antropólogo, el análisis de las diferentes formas que usan los especialistas indígenas para efectuar predicciones, diagnósticos y tratamientos de las enfermedades en la medicina tradicional, muestran un cauce continuo de existencia de la vida natural con el mundo sobrenatural.
Respecto al uso religioso, sagrado y mágico que se le da a la hoja milenaria, dijo que ésta se presenta como un elemento indispensable en toda actividad religiosa de comunicación con las divinidades a través de diferentes rituales y ceremonias que tienen como fin reafirmar la ascendencia espiritual de todas las actividades comunitarias e individuales.
“Las ofrendas de la coca a las divinidades pueden ser de manera individual o por familia (quema de mesas), el agradecimiento comunitario a la Pachamama (Madre Tierra) por la vida o peticiones para el control de los fenómenos naturales adversos se realiza mediante la ofrenda de coca en estrictas formas de ritualidad y únicamente por los especialistas comunitarios”, aseveró.
El estudio presentado por Diez Astete fue desarrollado en dos periodos 2010-2011 y su revisión en 2013. Forma parte de un libro que incorpora ocho investigaciones sobre coca con el propósito de ofrecer una mirada integral del tema.
Contacto: etnoadiez@yahoo.es