4 de agosto de 2013

¿Por qué “disminuyó” la población indígena?

(algunas hipótesis preliminares)

Por: Pablo Stefanoni
Página 7

Uno de las mayores sorpresas de los resultados del último censo (2012) es la fuerte “caída” de la población indígena. Como se trata de una pregunta sobre autoidentificación, obviamente esta disminución es de una categoría y no de población en sí. El 69% de los bolivianos mayores de 15 años dijeron no pertenecer a ninguno de los 36 pueblos indígenas reconocidos por la Constitución vigente desde 2009 ni al pueblo afroboliviano. En 2001, esa cifra solo llegaba al 38%.
De ahí que, a partir de ahora, una de las discusiones será por qué ocurrió esta variación a la que se suman unos datos definitivos que reponen a La Paz como el departamento más poblado (por poco) después de que los datos preliminares anunciados por Evo Morales en enero de este año colocaran a Santa Cruz al tope de población. Sin duda se trata de una desprolijidad que incluye deficiencias técnicas, aunque está lejos de las exageradas acusaciones sobre “desaparición de 362.659” personas al estilo de las dictaduras militares.
Es probable que ninguna respuesta simple logre captar todos los elementos en juego pero podemos comenzar por una pregunta/hipótesis. ¿Cuánto influyó el cambio en la pregunta censal respecto a la etnicidad? Si en 2001 se consultaba sobre autoidentificación con un pueblo “indígena-originario” ahora se utilizó la categoría “IOC”. En 2012 se preguntó: Como boliviana o boliviano, ¿pertenece a alguna nación o pueblo indígena originario campesino? Si-NO ¿a cual? (lista de 36 pueblos, con la instrucción al encuestador de “no leer al entrevistado” dicho listado). Entretanto, en 2001, la pregunta era: ¿Se considera perteneciente a alguno de los siguientes pueblos originarios o indígenas? Las opciones eran quechua, aymara, guaraní, chiquitano, mojeño, otro nativo, ninguno.
La nueva Constitución incluyó a la categoría “IOC” (Indígena-originario-campesino) como una solución aritmética a las complejas interrelaciones entre identidades étnico-sociales. De hecho, estas cuestiones son tan intrincadas que en el último censo los “interculturales”, ex campesinos colonizadores, pidieron ser incluidos en el listado de autoidentificaciones posibles. Pero sin duda, la combinación de identidades nacionales (naciones indígenas) con categorías de clase (campesinos) anunciaba que las cosas no serían sencillas, por ejemplo, ¿es lógico hablar de una justicia campesina? En ese caso los obreros podrían reclamar una justicia proletaria y así…
Pero volviendo al censo, no parece irreal pensar que la incorporación de la categoría campesino donde solo decía indígena originario provocó la deserción de algunos censados hacia un “ninguno” que tiene muchas lecturas posibles. Los defensores de la “Bolivia mestiza” dirá que los mestizos se hicieron valer frente a las imágenes indianizadas del país. Pero es posible que se trate de un problema diferente: hoy la maoría de los bolivianos vive en las ciudades.
En los últimos años –desde las crisis de 2000- se fue construyendo una indianidad que contenía también a los indígenas urbanos. Sin duda, la identidad indígena acompaña a los migrantes, aunque ello no significa que lleven el ayllu con ellos. Pero con la aritmética del “IOC” se vuelve de algún modo a una ruralización de la identidad indígena. No parece descabellado que más que una suma de tres categorías diferentes muchos censados la hayan leído como una identidad única “indígenaoriginariocampesina” (especialmente dado que no hay ni comas ni o). Y todo ello trae otra vez a la palestra el debate sobre la indianidad y el mestizaje, además de que los cambios en las preguntas dificulta las comparaciones.
Sin duda, ahora vendrá la avalancha de los mestizofílicos. Las cifras parecerían confirmar sus convicciones. Desde el liberalismo y el nacionalismo se defiende una Bolivia mestiza que a menudo invisibiliza las lógicas de poder y discriminación derivadas del colonialismo interno. A su vez, desde ciertas posiciones “comunitaristas” se contribuye a ruralizar lo indígena. Y las complejidades de la indianidad urbana sigue siendo un terreno fangoso. El propio Evo Morales llamó a enfocar más la atención en el hecho de que Bolivia ya no es una nación mayoritariamente rural.
Es posible también que una indianidad que en 2001 aparecía como rebeldía y proyecto de renovación moral de la nación hoy sea una identidad paraoficial (hoy “Insurgentes” de Sanjinés aparece como un film oficial más que subversivo), a lo que se suma la suspicacia de sectores urbanos por el hecho de que el gobierno del MAS “beneficia más al campo”. El MAS sigue siendo en su esencia un “partido campesino”.
Ello está conllevando un peligroso discurso anticampesino, incluso de parte de algunas izquierdas críticas del gobierno, a favor de unos indígenas supuestamente “menos capitalistas”. Imagen reforzada por el conflicto del TIPNIS. Pero ello conlleva el riesgo de criminalizar a una gran parte del movimiento popular, sin duda necesario en cualquier cambio imaginable.
Sin duda, indígenas y modernización no son términos contrapuestos, como algunas ideas esencialistas quieren ver. Por eso, es necesario que las preguntas den cuenta de las realidades sociológicas del país, y en este caso la “campesinización” de lo indígena ha conllevado un debilitamiento político/simbólico a favor de quienes buscan mostrar que Bolivia no es un país mayoritariamente indígena.