29 de septiembre de 2013

El alcohólico también afecta la salud de la familia y amigos

FUENTE: OPINIÓN 
“Yo hasta ahora tengo problemas gástricos y es la herencia que llevo de mi madre alcohólica ”, asevera Delia, quien al igual que miles de familiares y amigos de personas alcohólicas sufre enfermedades físicas, emocionales y espirituales tras largos años de ser testigo del sufrimiento de un alcohólico.

Delia explica que el alcohol impedía que su madre comparta momentos con ella y participe de su educación generando así vacíos en su vida emocional y afectiva. “Me sentía vacía y me refugié en una relación que me lastimaba”, dice.

La casa de un alcohólico se convierte en un hogar disfuncional por su ausencia y los miembros de esta familia son las víctimas directas de esta adicción. 

 Esposos, padres, hijos, hermanos, enamorados y amigos de personas alcohólicas también padecen innumerables enfermedades.

La explicación es sencilla, el excesivo estrés generado por la impotencia de no poder sacar a un ser querido de la dependencia a la bebida se manifiesta físicamente en la parte más débil del organismo, expresa la psicóloga y también miembro de Alcohólicos Anónimos, Danitza. 

“Al igual que las enfermedades físicas influyen en nuestro estado de ánimo y nos provocan temor, miedo o preocupación, muchos problemas psicológicos provocan síntomas físicos”, dice Danitza explicando la estrecha relación entre la mente y el cuerpo.

Es así que las enfermedades somáticas y psicosomáticas pueden apoderarse de las víctimas del alcoholismo. Desde un resfriado hasta un cáncer causado por agentes externos como virus y bacterias pueden advertirse ante la vulnerabilidad y las bajas defensas de la persona.

La psicóloga Marta Miguel explica que los síntomas somáticos más frecuentes son el dolor de espalda, los mareos, vértigo, dolor en extremidades, gases en el estómago, dificultad al respirar, palpitaciones, taquicardias, dolor en las articulaciones,  dolor en el pecho, tensión muscular y cansancio. 

Asimismo, las parálisis del rostro y algunas partes del cuerpo, las enfermedades nerviosas y de articulaciones son resultado del excesivo estrés y depresión. 

Las enfermedades pueden ampliarse a las adicciones a la comida, a los dulces, chocolates, al sexo o al trabajo, entre otras. 

En la disfuncionalidad de un hogar, la adicción al alcohol y sus problemas al interior de la familia van tomando cuerpo en otras adicciones.

“Los gorditos no lo son porque quieren la comida, sino porque buscan llenar vacíos, al igual que el alcohólico se refugia en la bebida para combatir sus penas”, explica Delia. 

Cuando no existe la guía y el acompañamiento apropiado, el familiar o amigo también puede convertirse en alcohólico y agravar la situación para los hijos -si se es padre o madre- y repetir el círculo de la dependencia.

Muchas veces, en el afán de sacar al ser querido de su adicción, los amigos y familiares pueden incurrir en acciones que creen las mejores, pero que en realidad sólo agrava la situación e incluso llegan a afectarles.

Según los testimonios se advierte que, por ejemplo, en el ámbito social, en reiteradas veces se ha intentado guardar las apariencias, cerciorándose de que el alcohólico estuviera presentable para que no sea evidente su borrachera.

Los familiares en muchas ocasiones se ven  obligados a despertarlos todo el tiempo para que cumplan con sus compromisos de ir al trabajo o a sus estudios, o en su defecto se ha llamado a sus oficinas para disculparlos por su incumplimiento.

También en lo social, se los ha encubierto ante los vecinos, o se los ha obligado a comer para neutralizar la embriaguez, o finalmente prefieren quedarse en casa para evitar todos estos momentos incómodos. 

En el aspecto económico, sucede que se lo libera de todos los quehaceres del hogar y los demás  deben generar todos los ingresos. “Sucede también que alguna vez intentó conseguirle trabajo y realizar sus obligaciones por él o ella”, aseguran los testimonios. 

Quejarse de las pérdidas por el dinero gastado en bebidas y luego comprar más bebidas o darle dinero al alcohólico para que siga tomando sólo ayudará a la adicción.

Algunas actitudes en diferentes ámbitos de la vida pueden ayudar a identificar la situación en la que uno se encuentra y buscar la ayuda necesaria para salir adelante.

Sentimientos e intimidad

En el afán de alejar a un ser querido de las bebidas alcohólicas, los sentimientos y la intimidad también son utilizados inadecuadamente. 

Creer que por amor el bebedor dejará el alcohol sólo para no defraudarlo puede debilitar las relaciones sentimentales y derivar en una baja autoestima o finalmente la frustración. 

En las relaciones íntimas algunos optan por usar las relaciones sexuales como arma para controlarlos, o continúan teniendo hijos con el mismo fin.

Pero además existen situaciones en que la pareja incurre en la infidelidad también fueron víctimas de este hecho sin siquiera desearlo, y en otros casos amenazan con abandonarlos si no deja los tragos.

En las relaciones personales echarlo de casa o recurrir a los reproches por los gritos o golpes y luego incurrir en las mismas faltas indican que algo no está bien. 

En otras situaciones, el familiar del alcohólico teme, muchas veces, disgustarlo por miedo a incitarle a que se emborrache. 


El amor y la ansiedad son aliados del alcohólico para seguir en su adicción

Cientos de casos angustiosos donde el alcoholismo derivó en violencia, agresiones físicas y psicológicas terminaron en la Policía y en los tribunales de justicia. Sin embargo el amor hacia la persona alcohólica lleva a las víctimas a retirar las denuncias.

La publicación “Una guía para la familia del alcohólico” señala que una de las faltas más graves al querer ayudar al alcohólico es la incapacidad de comprender el verdadero significado del amor. 

Otra de las armas del alcohólico es la facultad de despertar ansiedad entre los familiares, logrando así que se sientan obligados a hacer por él lo que sólo él debería hacerlo. 

Esta situación aumenta el sentido de culpabilidad del alcohólico, al mismo tiempo que aumenta el sentido de hostilidad y desaprobación de la familia respecto a él. “Debido a esto el alcohólico es doblemente perjudicado”, asevera la publicación. 

 Sin embargo si se pierde la paciencia el familiar desperdicia la posibilidad de ayudar al alcohólico. 

Para ayudar a un alcohólico, lo primero que se debe hacer es empezar por uno mismo. Para esto existen grupos de ayuda y también una amplia bibliografía que sirve de ayuda a las familias. 

Con el entendido de que la enfermedad de un alcohólico y todas sus actitudes son contagiosas (manipulador, explosivo, irresponsable) la persona debe saber manejarlo antes de que termine enferma.  “Decimos que nunca lo vamos a hacer, y lo hacemos o en su defecto  nos vamos al otro extremo siendo demasiado responsables”, expresa Daniela, la hija de un alcohólico.

Pero lo peor es que los vacíos y las conductas que dañan a la familia se van perpetuando hasta las próximas generaciones. “El alcoholismo no se hereda, pero si las actitudes se transmiten”dice Delia, que ve a sus hijos con similares actitudes que los de ella o la de su madre alcohólica. 

Entre una madre, una esposa o un hijo, el que lleva la mayor carga de sufrimiento es el hijo, por todos los golpes y por el lazo que los une. “Una esposa se puede divorciar, un amigo se puede alejar pero para un hijo nunca dejará de ser su padre o madre”, reflexiona Delia.

Doce pasos para que el familiar empiece a curarse

En el Programa de los grupos de familiares y amigos de alcohólicos Al-Anon Cochabamba se ponen en práctica doce pasos para prevenir y empezar a curarse de las enfermedades y secuelas que el alcoholismo ha dejado en su vida. 

El programa empieza por admitir la incapacidad de afrontar sólos el problema y que la vida se ha vuelto ingobernable. 

El segundo paso tiene que ver con llegar a creer que un poder superior a nosotros puede devolvernos el sano juicio. 

Un tercer paso es confiar la voluntad y la vida misma al cuidado de Dios, según el propio entendimiento que se tenga de él. 

Seguidamente se hace un minucioso examen de conciencia sin guardar ningún temor. Como quinto paso se admite ante Dios y ante uno mismo y otro ser humano, la naturaleza exacta de las faltas cometidas. 

El sexto paso es estar eternamente dispuesto a que Dios elimine todos los defectos de carácter. Y humildemente se pide a Dios que los libere de culpas. 

Como octavo paso se hace una lista de todas las personas a quienes se perjudicó para disponerse a reparar el mal ocasionado. 

En un noveno paso se repara directamente todos los males a estas personas en el tiempo que sea posible, excepto en los casos en que les hubiese infringido más daño o perjudicado a un tercero. 

En un décimo paso se prosigue con un examen de conciencia admitiendo espontáneamente las faltas a momento de reconocerlas. 

Mediante la oración y meditación se pide la capacidad para reconocer su voluntad de Dios y las fuerzas para cumplirlas.

Finalmente, habiendo tenido los mejores resultados en la vida, se difunde la experiencia hacia otras personas que viven en la misma agonía para continuar practicando lo aprendido en lo cotidiano.