24 de octubre de 2013

Evo no estás solo, estás rodeado de llunkus


Desde la acera de enfrente.
Por: María Galindo.
Fui asesor de los movimientos sociales, dice el burócrata. Estuve con ellos, les aprendí el discurso, me saqué las fotos oportunas y aunque nunca compartí realmente destino ni amores, hoy ocupo mi puesto bien legítimamente, porque son los movimientos sociales quienes me han postulado para este mi carguito.
El que está al lado de mí, sentado por encima o por debajo, maneja el mismo discurso, por lo que aunque se da cuenta que soy un impostor, como lo es él también, no tiene intención de delatarme, nos socapamos mutuamente contribuyendo a la mentira colectiva. Al principio me manejaba con cuidado, pero pronto me di cuenta que mi situación es generalizada y llega hasta los cargos más altos, incluso de viceministros o ministras. 
Éste ya es el tercer puesto que ocupo; estuve un tiempo en Cancillería, luego pasé a Planeamiento y ahora estoy en Educación. Entiendo que el fondo del asunto está en justificar, fortalecer y enaltecer el proceso de cambio y que las cosas que pasan por mis manos, como ser la educación superior hoy, ayer los asuntos consulares y antes de eso la planificación estratégica del Estado, todo eso son campos afines a mi larga trayectoria como estudiante de sociología a medias y luego de antropología, a medias también. Yo soy el que grita más fuerte cuando hay que decir que la verdadera escuela de la vida es la lucha social y no la universidad. No acepto entrevistas ni en Erbol, ni en Radio Deseo porque están contra el proceso de cambio y me preguntan cosas por hacerme quedar mal a mí y al proceso, pero tengo buenos contactos en radio Patria Nueva, así que cada tanto me voy a dar una vueltita por allí porque no hay que descuidar el perfil público. Eso sí, dejo bien clarito que no soy militante del MAS, sino que apoyo el proceso de cambio, mi aporte consiste en ocupar este cargo.
Cuando hay un acto en el Palacio dejo cualquier trabajo en la mesa, no importa lo urgente que sea, lo retrasado que esté en mi trabajo. No hay nada más importante que hacerse ver por el jefe que me considera un militante modelo, justo porque siempre estoy allí y cuando no estoy en primera fila gritando y levantando el puño, estoy detrás para mover la silla.
Pijcho, hablo contra los karas siempre que puedo y hasta parezco indígena; me he comprado un sombrero. No hablo ni aymara ni quechua, pero eso es lo de menos, eso no se necesita para dirigir este proceso. Con los dirigentes hay que comer y farrear y se van bien contentos, recuerdo que eso ya lo hacía mi padre en la época de la dictadura.
He engordado unos kilitos… ni modo pues, es parte de la militancia porque no me faltan las celebraciones. Además, no quiero que digan que desprecio los fricachos, apthapis y todo lo que me sirven en las reuniones. Hago viajes internacionales al menos una vez al mes para representar al proceso de cambio, afuera hay mucho interés en la revolución que venimos haciendo, los viáticos los paga la Cancillería y me pagan pasajes, honorarios aparte. Yo hablo de la cosmovisión andina y los gringos se quedan locos.
El malgasto de dinero, la poca efectividad de las gestiones que hago, la pérdida de tiempo en reuniones y coordinaciones que se quedan en palabras, la mala calidad de las obras y otras cosas menores es lo que menos me importa, porque el apoyo popular no depende de lo que hagamos sino de cuánto amor y apoyo gana el Presidente, a él sí que lo admiro.
Si llegáramos a perder este proceso, yo no pierdo nada; me pongo terno, me corto la cola y me saco el sombrero; vuelvo a ser el blanquito de siempre y san, se acabó.
María Galindo es miembro de Mujeres Creando.
Justo, porque siempre estoy allí y cuando no estoy en primera fila gritando y levantando el puño, estoy detrás para mover la silla.
Página Siete, La Paz