13 de octubre de 2013

La soledad puede matar


LOS VIUDOS, SOLTEROS O RECHAZADOS SON MÁS VULNERABLES AL ESTRÉS, LA ANSIEDAD, LA DEPRESIÓN Y EL CÁNCER, Y VIVEN MENOS TIEMPO QUE LOS CASADOS


La soledad y el aislamiento social inciden en la salud humana y elevan el riesgo de muerte. Las personas mayores de 50 años que se sienten solas corren el doble de riesgo de morir que los seres humanos que tienen compañía, coinciden varios estudios científicos recientes. Investigaciones previas concluyeron que las personas casadas son menos propensas a padecer enfermedades cardiovasculares, depresión o ansiedad.


Según un estudio de la Universidad Collage de Gran Bretaña difundido por la publicación Proceedings of the nacional of Sciences, la soledad y el aislamiento social inciden en la salud y aumentan el riesgo de muerte de personas mayores de 50 años.
La investigación analizó la relación existente entre el aislamiento social, la soledad y la defunción temprana. Se definió como aislamiento social el contacto limitado con familiares, amigos y vecinos, y se valoró la soledad mediante un cuestionario aplicado a 6.500 hombres y mujeres mayores de 52 años.
El estudio evidenció que el aislamiento social incide de forma independiente en la salud humana, mientras que la soledad depende de otras condicionantes. El aislamiento predijo la muerte, independientemente de la salud de los participantes y de su entorno, pero el vínculo entre la soledad y la muerte se manifestó solo en pacientes con problemas mentales o físicos, explicó el autor de la investigación Andrew Steptoe.
Otras dos investigaciones independientes realizadas por la Universidad de California, el Hospital Brigham y la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, ambas publicadas por la revista especializada Archives of Internal Medicine, también evidenciaron que los ancianos que viven solos tienen dos veces más de probabilidades de morir que quienes gozan de compañía.
Los investigadores de la Universidad de California hicieron un seguimiento a 1.600 personas mayores de 60 durante seis años para analizar cuán solos se sentían y cómo impactaba esa percepción en su calidad de vida. Se evaluó si las personas se sentían excluidas, si se hallaban aisladas o vivían acompañadas, pero no se analizaron las causas del deterioro físico o del mayor riesgo de muerte entre los solitarios, explicó la autora principal de la investigación Carla Perissonotto.
La investigación concluyó que las personas solas presentaban 59% más riesgos de sufrir problemas de salud y 45% más probabilidades de muerte. A los científicos les llamó la atención el elevado número de ancianos que manifestaron sentirse solos pese a vivir acompañados: aunque el 43% experimentaba soledad, solo el 18% vivía sin la compañía de otras personas.
Por otro lado, el estudio realizado por médicos del Hospital Brigham y de Mujeres y la Escuela Médica de la Universidad de Harvard en Boston evidenció que las personas en riesgo de sufrir problemas cardiovasculares corren mayor riesgo de muerte si experimentan la soledad. Lo llamativo es que el problema no es exclusivo de los adultos mayores.
En síntesis, ambos estudios confirmaron que la soledad sí tiene un efecto negativo en la salud, y que los ancianos solitarios tienen mayor riesgo de muerte que quienes cuentan con un apoyo real.
Otras pruebas científicas corroboraron también que existe un vínculo entre la soledad y las enfermedades. Por ejemplo, médicos de la Universidad de Oslo de Noruega descubrieron que las personas casadas o convivientes tienen menores probabilidades de morir por cáncer en comparación con los solteros, divorciados o viudos.
Luego de realizar un seguimiento durante 40 años a 441.500 personas de ambos sexos de entre 30 y 89 años de edad, todos diagnosticados con las formas más comunes de cáncer, se concluyó que vivir sin compañía aumenta en 35% las probabilidades de muerte entre los hombres y 22% entre las mujeres, detalló la revista BMC Public Health.
Aunque los científicos no pudieron explicar por qué los casados viven más, sugirieron que los pacientes presentan un mejor estado de salud al momento del diagnóstico del tumor. Otra posible explicación es que la vida en pareja brinda un mayor efecto protector, explicó la autora principal del estudio Astry Syse.
Resultados similares obtuvieron investigadores norteamericanos que evaluaron a 734.889 pacientes diagnosticados con cáncer entre 2004 y 2008, según datos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Los expertos aseguraron que las personas que están casadas al momento del diagnóstico de cáncer viven más tiempo que aquellas que no lo están.
Según la publicación científica Journal of Clinical Oncology, el estudio se centró en las 10 principales causas de muerte por cáncer en Estados Unidos, entre ellas el cáncer de pulmón, colorrectal, de mama, páncreas, próstata, conducto hepático biliar, linfoma no Hodgkin, cabeza y cuello, ovario y cáncer de esófago; y también se tomaron en cuenta factores como la edad, sexo, raza, tipo de residencia, educación e ingreso medio.
Al final, el estudio evidenció que los pacientes no casados que tenían cáncer, incluidos los viudos, eran 17% más propensos a desarrollar metástasis y tenían 53% menos de probabilidades de recibir el tratamiento adecuado. De esta forma, se demostró una vez más que el apoyo de los cónyuges extiende de manera notable la vida de los pacientes.
Investigaciones previas determinaron también que los casados son menos propensos a padecer enfermedades cardiovasculares, depresión o ansiedad.
Los solitarios y rechazados sienten más frío
Se sabía ya que las personas privadas de contacto social sufren estrés, y también que el rechazo provoca ansiedad y depresión, además de activar las mismas áreas cerebrales que regulan el dolor físico. Un estudio de la Universidad estadounidense de Michigan, difundido en la revista Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), fue el primero en establecer una relación neural entre ambas sensaciones.
Los experimentos evidenciaron que el desamor activa la corteza somatosensorial secundaria y la ínsula dorsal posterior del cerebro, zona vinculada también con la sensación de dolor físico. Este resultado ayuda a comprender la forma en que una pérdida afectiva puede causar síntomas y trastornos de dolor físico.
Lo novedoso es que las personas excluidas socialmente o que se sienten solas también sienten más frío, independientemente de la temperatura ambiental, revelaron los psicólogos de la Universidad de Toronto Geoffrey J. Leonardelli y Chen-Bo Zhong en un artículo publicado por la revista Psychological Science.
Los científicos canadienses indagaron si las personas aisladas socialmente o rechazadas sienten frío. Para ello experimentaron con un grupo de voluntarios, a quienes pidieron que calcularan la temperatura de su habitación que oscilaba entre 12 y 40 grados Celsius, y posteriormente les consultaron si preferían alimentos fríos o calientes.
Los científicos trataron de determinar si la exclusión social induce la sensación de frío y, como se esperaba, quienes se sentían solos manifestaron que la temperatura de la habitación era más baja que la ambiental. Estos resultados permitirán medir la incidencia de la depresión durante el invierno.