23 de octubre de 2013

Nació otro Estado en la ciudad de El Alto


MICROGOBIERNOS BARRIALES


Pablo Mamani Ramírez *

Octubre de 2003 hizo visible un sistema del poder territorializado dada en la rotación, en aymara el muyu, como un hecho antitético a la racionalidad liberal del poder. Durante los diez días del levantamiento de esta ciudad, el Estado boliviano había muerto, su sistema de poder elitaria derrotado, su ejército calificado como el invasor chileno, y en vez de ello, se erigió el sistema de turnos como sustrato del poder del barrio que viene de los ayllus andinos ahora reinventada en la ciudad de modo multitudinario. ¿Cómo se produce este hecho? Veamos.

Al tercer día del paro indefinido de la ciudad de El Alto (11 de octubre) empecé a escribir el libro: Microgobiernos barriales. Levantamiento de la ciudad de El Alto (octubre 2003), publicado por el Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UMSA y CADES (2005). Los periódicos narraban este hecho de modo profusa y directa pero ni estos ni los intelectuales (estos también fueron derrotados) no sabían cómo explicar (la sola descripción era insuficiente) de la fuerza social aquí emergida. De ¿dónde venía esa fuerza?, ¿cuál el sustrato de esta acción colectiva radical que tuvo la inmensa capacidad de producir y hacer visible otro sistema de poder?. Pues la ciudad de El Alto se había levantado ante la criminalización de la lucha social y para rechazar el colonialismo petrolero y estatal que hacía negocios a espaldas de la gente. Y el levantamiento estaba en el contexto del gran levantamiento aymara de la región del norte y de los ayllus del sur de Bolivia frente a un régimen cada vez más autoritario y violento.
Es en este hecho que se hace visible el sistema de la rotación que viene del pensamiento y práctica del ayllu andino ampliamente difuminada en el plexo de la sociedad urbana y rural en Bolivia. El pensamiento político del ayllu ahora se presenta de modo diverso puesta en práctica por los aymaras o los quechuas junto a otros pueblos del mundo de los Andes.
En el texto mencionado decía: “Se realiza una gran cantidad de reuniones barriales en distintas partes de la ciudad que al final se convertirá en espacios de las multitudinaria decisiones colectivas”. La cita se refiere al 9 de octubre. Esas decisiones multitudinarias se habían convertido ahora en guerra urbana al militarizarse las relaciones sociales porque todos y todas, incluido los perros, declaran la guerra al Estado criollo-mestizo y su sistema de autoridad. Y entre los días 11, 12 y 13 éste se expande hacia adentro de los barrios y hacia otros territorios como Oruro, Potosí, Cochabamba, y, por su puesto, a los territorios de los ayllus y markas andinas del Sur y Centro de Bolivia. Y ahí asistimos al nacimiento de este otro sistema de poder del ayllu que da sustento al levantamiento y a la guerra de los ayllus urbanos aquí referida.
Este nacimiento del poder de los ayllus urbanos, está dada en el contexto de la masacre que el MNR (dirigido por Sánchez de Lozada), había cometido. En efecto, se produce el derramamiento de la sangre aymara y de los relocalizados mineros. Los barrios de Santiago II, Cruce Villa Adela, Villa Ingenio, Rio Seco, Ballivian, alrededores de la Planta de gas de Senkata, junto la naciente Universidad Pública de El Alto, son asesinados por balas del ejército. Y la gente responde con ocupaciones del espacio físico urbano porque cava zanjas sobre las calles y avenidas, levanta barricadas, y ocupa plazas y calles para así quitar todo espacio y movimiento al Estado-gobierno. El resultado de esto es no permitir más el ingreso de tanques de guerra y de los soldados que habían osado disputar a matar. Las calles polvorientas y avenidas sin asfalto se habían convertido en charcos de sangre de gente joven quienes finalmente son los que más han muerto, de los vecinos, y mujeres, también de los niños y niñas. Aquí el Estado boliviano se baña nuevamente de la sangre aymara o qulla como lo había hecho tantas otras veces en su historia colonial.
Muchos jóvenes pelean en Rio Seco, muy cerca de la Universidad Pública de El Alto, con piedras y palos para tratar de contener la invasión de este ejército al territorio de los barrios. Similar matanza se vive en Senkata el día 12 de octubre porque una caravana militar tiene el orden de transportar gas domiciliario a la ciudad de La Paz. La misma deja un reguero de cuerpos tiradas en la Avenida 6 de Marzo y sus adyacentes y en sector de Ballivián. En la parte del Sur de El Alto, vi, por ejemplo, cómo un alteño caía herido delante de nosotros; esto es en la avenida Estructurante. El ejército disparaba ráfagas de ametralladora en cualquier dirección y también lo hacían desde los helicópteros. Como dato: en estos lugares han quedado hasta hoy poste de luz con balas impactadas. Así como esa bala impactada no se ha borrado así mismo no se ha borrado la memoria de esta masacre y que hoy tiene sus grandes paradojas con el régimen que es producto de esta lucha.
Es ante esta realidad política y militar que las juntas vecinales, se convierten en los nuevos gobiernos territoriales con el fin de cuidar la vida y no permitir la salida del gas por Chile a Estados Unidos. Más de 400 juntas vecinales (hoy son 609) se habían convertido en gobiernos barriales para autogobernase por sí mismo mediante las interrelaciones territoriales de la ciudad levantada. La FEJUVE ya no tenía en este contexto poder de mando sobre los barrios y sus juntas vecinales. Las Juntas Vecinales desautorizan a la FEJUVE a hablar a nombre de la ciudad de El Alto. Ahí se hace real el del núcleo duro del levantamiento y sostén del mismo. Los poderes barriales se territorializan y se yergue como otro Estado.
Pues miles y millones de aymaras y mineros se organizan en diferentes niveles adentro de estos territorios para protegerse de las balas del ejército y finalmente para derrotar a la dictadura neoliberal. Aunque hoy los autores materiales e intelectuales de aquel hecho no tienen sentencia ni están encarcelados como Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín que viven en los Estados Unidos.
Así este nuevo sistema de gobiernos urbanos barriales, tienen el poder real para erigirse en este otro sistema político. Los turnos, rotaciones, asambleas, y la creación de servicios de contrainteligencia, y el grito de la multitud, ahora hecho en un otro Estado, es la demostración más clara de esta realidad. Es en este sentido que el Estado boliviano había muerto. Porque ha sido derrotado política y militarmente. Sus sistemas de vigilancia, el control del territorio, la natalidad, y todo el sistema de símbolos, no tenían sentido. El poder del barrio en su sentido social y su legitimidad está dada en la rotación en el poder y los turnos en tanto fundamento de las acciones colectivas. Y esto está conectado con la lógica o sistema del poder de los ayllus andinos porque la ciudad de El Alto tiene una gran relación lógica y práctica, además que sus habitantes vienen de los ayllus y comunidades.
Aquí la rotación es el soporte de este poder. Para no cansarse y no hacer grandes esfuerzos individuales o colectivos, la rotación, se convierte en el hecho práctico de este poder. Rotar en el poder y el control del territorio por rotación es un hecho real porque todos y todas asumen ese hecho. Todos y todas actúan. Y todos y todas se turnan en distintas actividades. Y todos y todas controlan ese poder. Es un poder social de Nosotros, diferente al poder de Ellos. Se diría que el poder de Nosotros es rotativo y el poder de Ellos es elitista y caudillista. Ahí está el quiebre histórico de la lógica liberal del poder incluida la llamada socialista que se funda en el culto a la persona del líder. Ninguno de estos dos sistemas tiene el sentido de compartir el poder sino es la de concentrar este en un grupo privado y particular. Es esta práctica y visión la que ha sido derrotada. Aunque la misma ha vuelto de modo real hoy con discurso de izquierda y la revolución.
Así el sistema del ayllu, el poder compartido y rotatorio, se inscribe entre los territorios del Norte y los territorios del Sur de la ciudad de El Alto. Aquí el poder es disperso entre toda la gente porque desde ella hace que cada actor sea el actor de este poder. Aquí el hecho es que si no tenemos el poder ¿cómo podemos actuar? En el pensamiento político aymara el poder o la libertad no se negocia ni se cede ante nadie. Cada uno y en comunidad mantiene este poder como fuente justamente de la libertad y del poder compartido o binario. Si una parte tiene el poder y otra parte no tiene, entonces, entramos a la muerte civil de la política. Por lo que estamos ante la puerta de la dictadura cosmológica y político de una de las partes, lo cual hará que se declare la “guerra de equilibrio”. Este último es la única manera de volver al estado del poder compartido.
Finalmente todo ello nos obliga a pensar fuera de los marcos de la diferencia de izquierda y derecha porque en esto no tiene sentido la dicotomía francesa de la revolución de 1789. Aquí en y desde la ciudad de El Alto estamos constatando otra cosmovisión del poder y de la política. Y su evidencia real de ello es la derrota del sistema liberal dada como electiva porque la política se escribió de otro modo en octubre de 2003. Y su otra demostración es la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos de Mesa Gisbert.
Sin embargo hoy hay que preguntarse ¿por qué El Alto no ha continuado con este poder y con mayor razón dentro del Proceso de cambio tan publicitado como nuevo? ¿Por qué las petroleras transnacionales que son cómplices de la masacre del El Alto y las provincias aymaras son impunes en Bolivia?
El día martes 15 de octubre de 2013, El Alto paraliza nuevamente sus actividades ante las promesas incumplidas del gobierno central y por falta de atención del gobierno municipal. Este día, El Alto recordó en las plazas y en sus calles bloqueadas de cómo se sufrió aquella masacre hace diez años. Y mucha gente se preguntaba en estos lugares de por qué no se tiene mega obras siendo el núcleo de la derrota del régimen de Sánchez de Lozada. Misma que no ha tenido respuesta adecuada hasta el día de hoy. Por el contrario el gobierno del MAS declara al 17 de octubre: Día de la Dignidad nacional, que según también muchos alteños ha sido más como proselitismo político; un proselitismo hecha con la sangre alteña derramada. Aquí cabe otra pregunta: ¿por qué el gobierno central recién habla de megaobras cuando ha estado en el poder ocho años y El Alto es aún su gran reducto?
En fin. Queda sin embargo claro que el poder del barrio no ha muerto, aunque sus dirigentes ya no tienen la misma talla histórica como en octubre de 2003. La gente sigue ahí como lo está el poder rotatorio. Y la paradoja es que el “nuevo” Estado reproduce las vieja lógica del poder liberal elitaria. Y sus dirigentes hablan de la revolución sin revolución real. Mientras el otro poder sigue ahí mismo como si estuviera debajo de la cama del señor que desea dormir pero que sabe también que no podrá dormir tranquilo. La victoria lograda es una gran deuda.
* Sociólogo aymara y alteño.