14 de octubre de 2014

Silvia Rivera: “Ahora estoy muy preocupada por la desvalorización y el fetichismo de lo indígena”

FUENTE PIEB: La investigadora Silvia Rivera recibe al Periódico Digital PIEB en el Tambo Colectivo, una propiedad en la zona de Tembladerani de La Paz en la que el Colectivo Ch’ixi –un grupo de investigadores autogestionarios– desarrolla sus ideas, sus reflexiones y las prácticas que contribuyen a esos pensamientos. Está cansada, la noticia de que ha sido elegida como la ganadora de la versión 2014 del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas que otorga la Fundación Para la Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB), la ha llevado a realizar entrevistas y a sostener reuniones que no esperaba. Con todo, accede a esta conversación en la que deja ver una incansable energía para continuar generando proposiciones, ideas y metodologías que contribuyan al desarrollo de la ciencia en Bolivia; una comprometida energía por crear condiciones y espacios de innovación, crítica, investigación y debate.
¿Cómo recibe Silvia Rivera la noticia de que ha ganado el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas? Lo he recibido fuera de Bolivia y ha sido emocionante, conmovedor el hecho de que en el PIEB hay toda una trayectoria muy ecuánime y muy justa yo creo, porque somos tres mujeres (ganadoras del Premio), una de ellas chilena (Verónica Cereceda), qué maravilla, ¿no?, me parece que pensar en una Bolivia abierta, sin chauvinismos, es una maravilla. También han sido ganadores el Cachín (Luis Antezana), el THOA (Taller de Historia Oral Andina), entonces hay una trayectoria que realmente me parece muy digna. Y sentirme también digna de ese premio me ha alegrado mucho, me ha provocado sentimientos paradójicos porque justo este año he tenido que abandonar mis labores como docente, porque me he visto obligada a la jubilación, pero esto me da ánimos para continuar de forma autogestionaria con esta labor pedagógica, también de investigación y de escritura, porque en realidad hace mucho tiempo que yo tengo un estilo de escritura que no es propiamente de una investigadora positivista, empirista, sino que más imaginativa es mi producción.
Con esa característica en su producción, usted ha sido y es una formadora de investigadores, de pensadores, de gente crítica de la realidad boliviana, ¿qué impacto cree que tendrá el Premio en este ámbito tan dinámico? Yo creo que va a tener nomás un impacto porque yo actualmente formo parte de un colectivo de afines, con los que publicamos una revista, tenemos un trabajo también de formación, pero no solamente una formación intelectual, sino también una formación ética y una formación de vida. Porque es necesario que la descolonización se plantee como una práctica cotidiana y no como un discurso de moda, entonces tratar de que la gente sea coherente entre lo que habla y lo que hace es parte del enfoque organizativo y hasta pedagógico, podríamos decir, del trabajo que hacemos en el Tambo Colectivo y en el Colectivo Ch’ixi. Pero por otro lado, también tengo mucha experiencia de docencia en el exterior, entonces algunos de mis trabajos y de mis métodos se han leído bastante en varios lugares de América Latina, incluso en Estados Unidos.
Estos son méritos –entre otros-- que ha valorado el jurado, también su aporte sobre las nuevas visiones del mundo indígena o lo que sería el “nuevo pensamiento boliviano”, según alguna de las expresiones de personas que se adhirieron a su postulación al Premio… Bueno es que no es tan nuevo. De Guamán Poma de Ayala, pasando por muchos otros pensadores, como Jaime Mendoza y Carlos Medinacelli, Gamaliel Churata, Arturo Borda, Matilde Matilde Garvía, la gente que ha hecho cultura en este país desde los márgenes, don Gunnar Mendoza… ellos son pioneros en tratar de descubrir los nexos coloniales, la opresión, la vivencia de las poblaciones mayoritarias que tienen un bagaje enorme de conocimientos históricos y de prácticas agrícolas agropecuarias, de relacionamiento con la tierra. Yo he hablado de descolonización el año 84, o sea, he publicado lo que ya pensaba desde antes sobre el tema colonial y también hemos hecho con los compañeros del THOA trabajo de historia oral a partir del año 83. El hecho de que se haya puesto de moda ahora tanto el tema de lo colonial y la descolonización, como el tema de la historia oral, bueno… no es mi culpa. Sí creo que la gente adopta modas del norte; se pone a hablar sólo cuando alguien de Estados Unidos o de Europa dice cosas, pero cuando alguien humildemente llega a esas conclusiones aquí, no le dan pelota, salvo cuando tiene repercusión en el norte. A mí me parece muy paradójico que cuando quise publicar mi libro “Oprimidos pero no vencidos”, no había mucha posibilidad y había muchas críticas, decían “cómo vas a hablar de eso”, “son heridas antiguas”, “eso ya está superado”, “el colonialismo está superado”... Tan no está superado que estamos viviendo un proceso de capitalización perversa de esas luchas que las ha puesto nuevamente en vigencia. Pero esa vigencia, lamentablemente se vuelve moda, ahora le tachan de decolonial, unas palabritas raras que usan para mí son moda. Para mí la lucha anticolonial es una lucha cotidiana, del cuerpo, de hacer cosas. De eso vienen mis ideas y no es un nuevo pensamiento. O sea, se ha descubierto de nuevo que hay voces propias, lo cual es un gesto anticolonial, lo cual me parece importante, pero hay que recalcar que no somos los primeros, no he sido la primera en hablar de colonialismo interno, ha hablado Pablo Gonzáles Casanova, han hablado los kataristas, ha hablado Fausto Reynaga, o sea, yo no me doy de novedad, es una coyuntura la que me vuelve un poco visible, lo que de algún modo agradezco porque creo que todavía tengo muchas cosas que hacer.
“Oprimidos pero no vencidos” cumple 30 años, en el contexto que usted acaba de describir ¿cuánto se habrá avanzado en el conocimiento de la descolonización y todo este pensamiento que usted ha generado a partir de esta obra? Pero es que a mí me parece patético que sigan citando mi libro, y en un libro que acaban de publicar en una oficina de investigación de la Vicepresidencia… o sea, páginas y páginas son. Ya está pasado ese tema, ¿no pueden investigar de nuevo?, ¿no pueden pensar con su propia cabeza las realidades que estamos viviendo? El colonialismo que hay frente al TIPNIS, el colonialismo frente a CONAMAQ, ¿ese colonialismo no pueden pensar? Tienen que seguir repitiéndome a mí o a otros? Eso a mí me parece patético. En ese sentido no hay un avance, hay un retroceso. El avance estará en la gente de base, en el hecho de que la gente está valorando sus propias prácticas, sus propias costumbres, sus ritos en el campo, etc., si no está cruzado por la politización barata de la chupa y del clientelaje, se mantiene como una reserva extraordinaria de conocimientos y prácticas, pero hay que tomar en cuenta de que la gente que está sufriendo mayores opresiones hoy en día son las mujeres, las viejitas y los niños, mientras que los varones están haciendo política a full y están chupando en las ciudades con cerveza gratis en las campañas electorales. Es una pena que a título de descolonización se hayan remozado prácticas colonialistas como es repartir alcohol a la masa votante. Por Dios, eso es colonialismo. De eso pues deberían hablar los investigadores, en vez de copiar pedazos de mi libro, como si todavía tuviera vigencia. Hay que superar la propia obra de uno y yo creo que ese libro está ampliamente superado por mi propio trabajo, por mis compañeros de mi propio grupo y de la universidad que están sacando cosas maravillosas y que por falta de oportunidades editoriales no han tenido la suerte todavía de ser conocidas.
Usted mencionaba a las mujeres, a la mujer indígena, a las viejitas decía. Habla la mujer que en su obra ha podido visibilizar a las mujeres indígenas… Pero no, yo creo que tenemos que superar el esencialismo, yo creo que lo indígena es parte de la cultura de mucha gente, no es necesariamente nacida en el campo. Yo creo que lo indígena es también una voluntad de ser distinto a Europa, es una voluntad descolonizadora que puede anidar en el alma de mucha gente llamada mestiza, como yo. Mi lado indio yo lo valoro mucho como mujer y por eso me he dado a la tarea de aprender el aymara, que estoy en proceso, no voy a terminar de aprenderlo hasta el día de mi muerte, pero es un proceso que me ha dado y me ha deparado muchas riquezas conceptual, de donde vienen tantas ideas que se manejan ahora, se citan también del mundo que he vivido en el campo, en los trabajos clandestinos con la Confederación Única (Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia) cuando estaba el Jenaro Flores, con los compañeros y compañeras del THOA, entonces esas vivencias se plasman también en una escritura que tiene una inspiración muy fuerte en los conocimientos indígenas. Y ahora, el hecho de que eso se use para fines de consolidar opciones coloniales en el poder, me da mucha pena, pero yo pienso que hay gente joven, con otros puntos de vista y con una dignidad que les va permitir superar esto que yo le llamo el “muyu muyu electoral”, el “muyu muyu de la politiquería” que se ha vuelto una forma muy colonizadora de relacionarse con las multitudes a partir de esta gesto tan desagradable de promover la borrachera, la fiesta que después deriva en violencia doméstica, en fin, yo tengo mucha rechazo a esas formas degradadas, pseudo indígenas, pseudo populares que han cubierto todo el panorama de los últimos años para encubrir los procesos de saqueo. Se están chauchitando los recursos del gas y se está abriendo al saqueo todos los espacios, a la soya transgénica vía carreteras, al desbosque masivo, eso no puede ser visto como algo positivo y me apena haber contribuido discursivamente a eso.
Vuelvo a la pregunta sobre las mujeres, porque es usted quien propuso en su momento una reflexión pionera e innovadora sobre la relación entre anticolonialismio y género… Yo creo que hay voces valientes de mujeres, voces también acalladas como de la periodista Huaycho, voces que son disidentes hoy día y que han sido correteadas como la mama t’alla del CONAMAQ Nilda Rojas, voces valientes de mujeres como Amalia Pando que ponen en alto un gesto digno… Pero muchas mujeres se han prestado a un manoseo político del machismo entronizado en el poder que a mí me da pena, eso no me parece ningún avance, las bartolinas están poco menos que uniformadas, marchando a un son militar; para mí esas no son las bartolinas que yo he conocido, las que yo he conocido venían de trayectorias de lucha contra la dictadura, de haber perdido hijos, de haber tenido un montón de sufrimientos para hacer oír su voz. Jenaro flores está en silla de ruedas y tiene toda una trayectoria de haber luchado contra la dictadura, todo se ha tirado por la borda y se está promoviendo una política de olvido, las mujeres no podemos ser cómplices de eso y me parece que en la humildad de nuestra vida cotidiana, en el rescate de los conocimientos alimentarios, de los conocimientos textiles y también en el rescate de nuestra propia voz, como pensadoras, como personas con voz política, podemos tener un espacio más digno que el que nos ofrece el manoseo de los políticos. Yo reconozco que hay también candidatas valiosas, por ejemplo Margot Soria que estuvo conmigo en la huelga de hambre del 2005 contra la corrupción universitaria. Hablo de ella por el hecho de que en los derrotados de mañana vamos a poder encontrar esas voces quizás con la humildad que ahora la megalomanía electoral está dejando de lado. Tenemos necesidad de una cierta actitud de seriedad y de preocupación humilde porque dentro de 20 años se va acabar el gas y mi nieta va tener 21 años, entonces yo me tengo que preocupar por el largo plazo y no por la epidermis de la coyuntura.
Hablemos del Colectivo Ch’ixi, un proyecto desde el que ha sabido motivar a nuevas generaciones de investigadores a seguir pensando Bolivia con sentido crítico. Todo depende también de la disponibilidad de los chicos de tener esa apertura a los aprendizajes de la vida y no sólo de los libros, entonces eso ha permitido que converjan en torno a un proyecto que inicialmente fue un libro, “ Principio Potosí Reverso”, ese proyecto que fue prácticamente un esfuerzo de grupo con mis alumnos de sociología de la imagen, más un par de personas invitadas, alumnos míos que incluso ya habían pasado y algunos egresados. Nos unimos para hacer un esfuerzo de entender la religiosidad andina, leímos mucho a doña Teresa Gisbert y tratábamos de entender por qué los santos colonizadores habían sido reapropiados por la gente, en función de proyectos de reversión de ese proceso colonial. Nos pareció muy interesante esa postura de reconocer que el santo esconde otras cosas, no como sincretismo, sino como una especie de yuxtaposición de fuerzas opuestas, de ahí salen las ideas de lo ch’ixi que finalmente culminan en el hecho de que queremos unir el trabajo manual con el trabajo intelectual, el cuerpo con la mente, conectar de nuevo lo que el capitalismo y la dominación han desconectando. Lo que el racionalismo eurocentrico ha desconectado, queremos reconectarlo y queremos aprender de maestros y maestras de vida, no solamente de intelectuales, y por eso nuestro maestro Gabriel (alude al albañil que trabaja en el Tambo) es nuestro maestro de vida y no solamente de teorías, que además ha sido discípulo de uno de nuestros maestros anarquistas sobre los cuales yo escribí un libro el año 80 y pico sobre los constructores de la ciudad, un libro que está hasta ahora mimeografiado, perdido por ahí, está en mi bibliografía, pero es inhallable, ni yo tengo copia. Todo esto muestra que en el trabajo de este grupo, que es autogestionario, podemos ir haciendo. Sólo como dato, hemos recibido de parte de Gilka Wara Céspedes el espacio del Tambo en calidad de préstamo con un contrato, tenemos una pequeña subvención de seis mil dólares de la Fundación Herman para proyectos culturales que nos hemos sacado en un concurso y, bueno, los compañeros y compañeras se han ido ganando bequitas, concursos, una y otra cosa, como el caso de Mario, Violeta y Ruth, que han sido ganadores de un concurso del PIEB, a través del cual han puesto también en evidencia que el trabajo de grupo incluye lo intelectual y no sólo lo manual; ese hermanamiento de dos opuestos es algo que nos ha ayudado mucho a entender la realidad y el conectarnos de nuevo con los sentimientos y las frustraciones de la gente de a pie.
¿Y cuál es la proyección, el proyecto inmediato del Colectivo, siempre bajo la guía de Silvia Rivera? No es tanto mi guía, sino que es un proyecto muy colectivo donde las iniciativas de cada uno tienen igual peso. Yo reconozco mi vejez, por mi edad hay más experiencia, pero de hecho la gente joven tiene ideas fantásticas y por ejemplo en nuestras planes de edición ya están las coediciones con Plural; la primera edición fue “La bala no mata”, que fue un libro basado en una tesis de maestría de Mario Murillo que asesoré, pero ahora ya tenemos un plan de ediciones y queremos volver a editar la revista que está interrumpida por el momento porque va cambiar de nombre, de formato. Y en general lo que tenemos es simplemente la proyección de seguir trabajando, tener apertura de una cátedra libre acá, recuperar la libertad de la cátedra y de hacer de ella no un mero discurso, sino también unas modalidades prácticas en el sentido de trabajar con historias de vida, con imágenes, trabajar de un modo más creativo de lo que permite la universidad.
Y como investigadora, ¿cuáles son los desafíos que estaría asumiendo?, porque hay desafíos de conocimiento que usted los debe tener absolutamente claros… No, no los tengo muy claros, pero lo interesante es que se hace camino al andar, ahora estoy muy preocupada por la desvalorización y el fetichismo de lo indígena, entonces he trabajado un textito, una presentación y una performance, que se llama “Más allá del dolor y del folklore: qué es ser indio en tiempos del muyu muyu electoral y crisis planetaria”, o sea crisis ecológica. Entonces eso es una reflexión colectiva, no puede ser individual; yo escribo pedazos de esa reflexión, otros compañeros van transformando esas reflexiones en otro tipo de prácticas, por ejemplo la compañera Violeta está en un aprendizaje maravilloso del tejido andino, otros compañeros están trabajando la historia con imagen, un compañero está enseñando sociología de la imagen en Cochabamba, entonces se va difundiendo, se hace camino al andar. Yo... recurro al aforismo que tiene mucha relación con la historia del THOA y que también lo asumimos nosotros como una metodología, consideramos el futuro una carga que se lleva en la espalda, el pasado como una fuente de inspiración y el presente como nuestro único espacio de realización tanto vivencial como intelectual, entonces se hace camino al andar.
¿Entonces será mucho preguntarle por dónde están yendo los pensamientos de Silvia Rivera en este momento? Por el momento, por rescatar la vena crítica y por buscar ir más allá del fetichismo y de la plusvalía simbólica, porque una serie de ultraizquierdistas, mestizos cochabambinos se han apropiado de lo indio de una manera cínica, de una manera vulgar, entregando toda esa fuerza simbólica a manos de los militares, traicionando siglos de lucha, entonces estoy funcionando más como una voz crítica a la coyuntura y hablando de eso, pero también haciendo cosas de manera que no me quede en la pura palabra. Pasado mañana o el año que viene, si estoy viva, qué será lo que me depara el destino.
Para terminar, qué le diría a toda esa comunidad que se movilizó para postularla al Premio, gente de Bolivia y del extranjero… Es genial, por ejemplo la Gayatri Chakravorty está haciendo un proceso con gente en la India de desaprender la academia, uno de sus alumnos ha venido aquí a aprender a hacer adobes, ese es un ejemplo. Pero ahora que ha sabido que yo estoy prácticamente echada de la universidad, está conectando a muchos expulsados de las universidades, pensadores críticos de todo el mundo, que ante la neoliberalización de la universidad o ante el populismo barato de nuestras universidades han quedado fuera en su mundo de Oriente, de Asia y Latinoamérica también, entonces es un ejemplo de que la gente que me ha apoyado valora esa postura crítica y también valora el hecho de que no por los galardones académicos yo voy a renunciar a cierta coherencia ética. Yo pienso que eso es lo que más ha movido a la gente a apoyarme, más el hecho de que todos sabían de que yo he sido prácticamente obligada a salir de la universidad, entonces ha habido una suerte de solidaridad con mi persona porque ahorita estoy sin pega y sin suelo de jubilada porque es un trámite verdaderamente kafkiano. Entonces ese es un ejemplo de que de alguna manera mi pensamiento ha servido para ayudar a pensar a mucha gente, o para complementar o para ser criticado también, pero ese es un pensamiento que está fundamentado en mi existencia y no solamente en los libros.