Todos quisiéramos que sea cierto. Que el presidente del Banco Central de Bolivia, Gabriel Loza hable con boca santa y efectivamente ya no seamos pobres. Sin embargo nuevamente el optimismo de este y otros funcionarios gubernamentales está confrontado radicalmente con la dura realidad que nos dice exactamente lo contrario.
Una práctica muy extendida en los gobiernos de corte populista y/o autoritarios es la deformación sistemática y consciente de la realidad. Es de esta forma que generan un mundo de ficción que se acomoda a sus intereses y objetivos. Recordemos que los alemanes mediante una persistente campaña de intoxicación informativa montada por Goebbels llegaron a ser convencidos de que realmente vivían en un paraíso y que estaban a un paso de conquistar el mundo.
Algunos afirman que en el juego del poder todo es válido. Sin embargo Mussolini opinaba que hay algo que nunca debe hacerse: mentirse a uno mismo. En alguna ocasión recriminó a sus colaboradores recordándoles que les había dicho que mintieran no que creyeran sus propias mentiras. En el caso del actual gobierno, está ocurriendo exactamente eso pero también es cada vez más evidente que la población ya no está dispuesta a tragarse semejantes piedras de molino.
Lamentablemente los bolivianos seguimos siendo pobres ya que si bien nuestro presidente Morales se traslada a todo lado en su avión de lujo, a pocos pasos del palacio de Gobierno, y ni que decir de los pueblos y comunidades rurales del país, se puede ver no solo la pobreza sino la miseria reflejada en los rostros de decenas de mujeres y niños que sobreviven como pueden y en muchos casos deben apelar a la caridad de la gente, una caridad que en ocasiones se muestra esquiva por cuanto tenemos cada vez menos que dar.
Nota: foto Así viven familias en el municipio de Charagua (Santa Cruz), una situación peor se presenta en el occidente. Por estas comunidades no ha llegado el plan del”vivir bien”.
Fuente: eju.tv