24 de noviembre de 2010

LA SUBIDA DE LA CANASTA FAMILIAR GENERA DESESPERACIÓN EL GOBIERNO, COMO PILATOS, SE LAVA LAS MANOS


Amas de casa y vendedoras intermediarias se miran la cara, unas y otras renegando por la escasez y altos precios de los productos de primera necesidad. ¿Qué pasa en nuestra economía? ¿Quién es culpable de esta situación?

El espejismo que diseñó el gobierno a partir de datos macroeconómicos, de la bonanza económica, del superávit, de las fabulosas reservas internacionales, se destroza cuando vemos la microeconomía, los sueldos miserables, la falta de empleo, la escasez de productos de primera necesidad, etc. Lo peor es que el gobierno trata de seguirnos engañando sobre lo que ya es evidente.

Pretenden disimular el hecho de que vivimos un proceso inflacionario, diciendo que la subida de precios es estacional o que se debe sólo a la especulación. ¡Que no se laven las manos como Pilatos!

Al gobierno respetuoso de la gran propiedad privada burguesa, le están reventando en la cara las limitaciones estructurales del capitalismo atrasado que impera en el país. Los campesinos siguen estancados en la pequeña parcela, víctimas de los embates de la naturaleza, impotentes ante las sequías o inundaciones; las “socias” transnacionales saqueando nuestros minerales e hidrocarburos, muy pronto será del litio; la burguesía incapaz buscando sacar la mayor ganancia a costa del país y del pueblo hambriento.

La escasez que hace subir los precios se debe a que no hay desarrollo del aparato productivo, ni agrícola, ni industrial. El gobierno no tiene capacidad para encarar esta tarea, sigue esperando la colaboración de la inversión privada extranjera.

Ante su incapacidad, sólo atina es a tratar de identificar la protesta popular con los trajines de la oposición derechista. Que curas, medios masivos de comunicación y politiqueros burgueses denuncien el proceso alcista como si les importara algo el hambre del pueblo, es puro oportunismo, pero hay que ser cretino para confundirlo con la justa protesta de los explotados para los cuales la subida de precios les significa comer cada día menos.