La tensión provocó gritos, ataques físicos y angustia en barrios de la zona Sur La Razón realizó ayer un recorrido por los barrios de Alto Irpavi, Huayllani, San José Obrero, Cota Cota y Chasquipampa.
La cisterna arribó a este punto a las 14.30 y anunció su presencia con el toque de la bocina. Poco a poco decenas de vecinos comenzaron a correr hacia el sector para estar en los primeros lugares de la fila. El lunes, el agua del carro no alcanzó para abastecer a todas las personas, por ello ayer algunos intentaron “colarse”, lo que causó molestia.
Una anciana tuvo que conformarse con llenar dos botellas de plástico. “No tengo quién me ayude a cargar los baldes de mi casa (a tres cuadras del lugar). Ni siquiera para hoy me alcanzará esto”, lamentó la señora.
Mientras tanto, otros vecinos aparecieron con recipientes de gran capacidad, que compraron en Bs 160 en la avenida Buenos Aires. Lo que provocó quejas de la gente.
“¡Toda el agua se la van a acabar!”, gritó una señora. La respuesta no se dejó esperar por parte de uno de los aludidos, lo que provocó la acalorada intervención de un tercero. Ambos terminaron agarrándose a los golpes, aunque la trifulca no llegó a mayores.
También hubo tensión en la cancha de Virgen de las Nieves, en la zona de Alto Irpavi, donde una treintena de personas que esperaba la llegada de la cisterna se quejó por la falta de información.
“Estamos haciendo fila desde las 7.00, pero la cisterna se quedó en una de las calles a repartir agua y no es justo. Deberían organizarse e informar en qué horario van a repartir el agua”, dijo Deysi Durán, vecina.
Alrededor de 80 mil habitantes del sur carecen del líquido desde el domingo, cuando la Empresa Pública Social de Aguas y Saneamiento (EPSAS) decidió cortar el suministro en 41 urbanizaciones de la zona debido al riesgo de que la tubería central de distribución de agua colapse.
El lunes, el alcalde Luis Revilla dejó abierta la posibilidad de que el corte dure meses. Sin embargo, el gerente general de EPSAS, Víctor Rico, aseguró ayer que no es posible establecer cuándo se repondrá el suministro. “No puedo adelantarme a decir (que el corte) va a durar dos semanas, medio mes. Una vez que se estabilice el movimiento de tierras en Valle de las Flores y Callapa, evaluaremos qué acciones se tomarán”.
Rico explicó que el número de habitantes de la zona Sur es de 300 a 320 mil personas, pero afirmó que el 70% no tiene problemas con el suministro.
Teresa Vásquez
‘Usamos bolsas para no ensuciar los platos’
Son las 12.30 y doña Teresa empieza a “envasar” uno a uno los platos en bolsas de plástico. Lo hace para evitar que se ensucien, pues, debido al corte del suministro, no tiene agua para lavarlos. “A cada plato colocamos una bolsa nylon antes de comer. Luego las desechamos y los platos quedan limpios y no se acumulan. Estamos obligados a hacer esto”.
Su familia es numerosa; en su vivienda de Alto Irpavi (sector Las Nieves) viven ella, su esposo, sus ocho hijos y tres mascotas.
No tienen agua desde las 8.00 del domingo, por ello recurre a una vertiente para abastecerse del líquido elemento. “Tenemos que bajar hasta la calle 8 de Koani a fin de traer agua de la vertiente para poder asearnos, lavar y usarla en el baño”.
Sin embargo, para la cocina, consiguió trasladar 80 litros de agua que obtuvo en una vivienda de la zona de Miraflores, donde trabaja. “Para traer el agua nos prestamos un auto. Espero que lo que conseguimos nos dure por lo menos cuatro días, luego voy a tener que volver a buscar más”, comenta mientras muestra los bidones donde acopió el líquido.
En su patio se puede ver más de 10 botellas de dos litros donde almacena el agua porque no tiene muchos bidones. “Lo más esencial para vivir es el agua. Estamos preocupados y desesperados”, se lamenta.
Para doña Teresa también ha cambiado el proceso de lavado de ropa. “Tenemos que acumular agua de lluvia o tengo que refregar la ropa en mi casa y luego ir a la de mis parientes para enjuagarla”.
Para bañar, entibia el líquido en una caldera y uno a uno los miembros de su familia se asean por partes, “pero no todo el cuerpo”. “Esto (el corte del suministro) puede durar meses, pero no somos quiénes para exigir nada debido a lo ocurrido. Por eso, estamos pensando ir a otra casa hasta que se solucione”.
Marcela Mamani
‘Hervimos el agua de lluvia para cocinar’
Recipientes de diversos tamaños, bañadores y pequeños baldes le sirven a doña Marcela Mamani para acopiar las aguas de una vertiente en Huayllani, la cual empleará para lavar la ropa que acumuló el fin de semana.
“Estamos sin el servicio debido al corte y por eso hemos buscado agua en todo lado para lavar la ropa, pero fue difícil. Entonces, nos dijeron que había una vertiente para lavar y vinimos”, cuenta doña Marcela, sentada al lado de una “montaña” de ropa tendida sobre un aguayo.
Esta ama de casa vive en la zona Alto Los Rosales con sus cinco hijos y dos nietos. Desde el domingo no cuenta con el líquido elemento, pero gracias a que acopió agua en un turril “hemos podido subsistir ante la carencia”. “Sabemos que hubo cisternas que llegaron a las zonas de Achumani y Huayllani, pero ni siquiera una llegó a mi zona”.
Para cocinar recurre al agua de la lluvia. “La hacemos hervir antes de consumirla, pero lo que nos preocupa ahora es que tampoco está lloviendo. Por eso, estamos midiendo lo poco que nos queda”. El agua de precipitaciones también les fue útil para el aseo personal, pero cuando se agotó, recurrieron a los vecinos que sí tienen el suministro. “Nos hemos prestado agua de los vecinos para poder bañar a los niños. Ahora, más bien que no hay clases porque no tenemos el líquido suficiente para lavar sus guardapolvos y su ropa”, comenta.
De hecho, dice, incluso los más jóvenes se cuidan de no ensuciar la ropa que visten. “En el turril ya queda poca agua. No sabemos qué vamos a hacer cuando se termine. Tendremos que buscar más.
Aunque quisiera que por lo menos un cisterna suba hasta la zona”. “Es muy difícil vivir sin agua. No hay caso, no alcanza ni para cocinar, ni para lavar ropa. Tenemos que acumular toda el agua sucia en un balde para utilizarla en el baño”.
Néstor Villa, otro vecino que lava su ropa en el lugar, pide a las autoridades que cubran la demanda de la zona, que experimenta el mismo drama y hasta recurre al agua de un pozo. “Los vecinos tuvieron que sacar agua de una construcción, donde había un pozo. Las aguas son turbias, pero necesitamos todo lo que se pueda recolectar”, dice.
Dora de Siles
‘Nos aseamos como el gato, en un bañador’
“Ayer (lunes) nos hemos aseado como el gato, en un bañador. Hemos usado un vaso de agua para lavarnos los dientes. Incluso hemos tenido que dejar de tomar mucha agua para evitar ir al baño a cada momento”, dice doña Dora Carvajal de Siles.
Desde el domingo que la vecina de Alto Irpavi no tiene agua potable en su vivienda.
“Durante la mañana de ese día, algunas casas con tanque tenían agua y tuvimos que pedirles que nos regalen un poco, pero ahora ya se les acabó la provisión”, comenta. La mujer de 65 años relata que desde esa jornada han tenido muchas dificultades para subsanar la falta del servicio.
“También estamos sufriendo las consecuencias del derrumbe. Ahora, ni siquiera estamos lavando ropa. Si llueve, entonces podemos reunir un poco de agua y lavar, pero si no ¿de dónde la sacamos?”, se cuestiona la vecina que ayer salió a la calle en busca del líquido.
En cuanto al aseo de los utensilios para cocinar y servirse los alimentos, su esposo, Armando Siles Rocabado, señala: “Estamos lavando platos, ollas y cubiertos con agua de lluvia”.
En su vivienda viven cinco personas. Sin embargo, el líquido para preparar los alimentos ya se terminó. “Esta mañana no teníamos agua ni siquiera para el desayuno”, asegura ella. Por este motivo, cuenta la pareja, fueron a esperar la cisterna desde tempranas horas.
“El camión recién llegó a las 11 de la mañana y nos dejó sólo dos tachos de agua (70 litros) para cocinar. Pero, hemos visto que había personas con recipientes de gran capacidad, por eso pedimos que no se reparta en turriles, sino en bidones, para que alcance para todos”, agrega.
Se quejó porque el camión cisterna se detuvo en otras calles antes de llegar al punto de distribución establecido. “Si el camión quería distribuir por calles, debería hacerlo de forma equitativa. Los funcionarios deberían coordinar y organizar mejor a la gente y repartir en un solo punto”, sostiene don Armando.
“No estamos en posición de pedir nada por lo ocurrido con las familias damnificadas, pero quisiéramos que las autoridades traten de solucionar los problemas y nos provean de agua sobre todo para la alimentación”, añade doña Dora.
Solicitan a EPSAS que coordine la distribución
Vecinos de los barrios de la zona Sur afectados por el corte del suministro de agua le piden a EPSAS que informe a la ciudadanía sobre los horarios y puntos de distribución del líquido y que haya una mejor coordinación.
“EPSAS debería programar el horario de distribución de agua y deberían informarnos a través de la junta de vecinos de cada zona. Por ejemplo, hoy (ayer) hemos perdido casi toda la mañana haciendo fila”, dice Eliana Catacora, vecina de la zona Peña Azul. María Pérez, habitante de Huayllani, indica que “por ejemplo, anoche (lunes) repartieron agua cerca de la zona, pero nadie sabía”.
El gerente general de la empresa, Víctor Rico, respondió a La Razón que “ésta es una situación de emergencia y pedimos el sacrificio de todos. Estamos trabajando para tratar de conseguir más cisternas a fin de satisfacer la demanda de la población. Estamos buscando opciones para mejorar las redes de distribución”. Según Rico, son de 14 a 16 las cisternas que distribuyen el líquido y se prevé que hoy se lleguen dos más.