4 de abril de 2013

“En este país sólo se habla de jóvenes cuando hay elecciones y tragedias”


EL PAÍS: “¿Dónde está la primavera mexicana?”, se pregunta Antonio Attolini, exportavoz del movimiento estudiantil Yo Soy 132, a casi un año del nacimiento de la protesta de jóvenes que sacudió la campaña presidencial del país. Su cuestionamiento lo hace en una cafetería frente a su universidad –el ITAM- y tan sólo unos días después de que el presidente Enrique Peña Nieto decretara rebajar el perfil al Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), que ahora está integrado a la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).
En un año, este joven de 22 años pasó de ser una de las caras más visibles del movimiento de jóvenes, a dejarlo y convertirse en presentador de un programa de televisión de debate sobre temas de juventud. Su incursión en Televisa –la emisora contra la que luchaba el grupo- le valió la expulsión y el repudio del Yo Soy 132. Ahora, Attolini sostiene que la movilización de los jóvenes mexicanos no fue fructífera y que las acciones del Gobierno lo prueban.
El estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política admite que si las instituciones encargadas de atender a los jóvenes ya eran deficientes antes del decreto de Peña Nieto, ahora las oportunidades para que tengan una representación ante el Gobierno es mínima. “El IMJUVE en sí mismo tampoco es la respuesta a los problemas de la juventud porque se considera por varias organizaciones civiles solamente un pago de lealtades para un Instituto que a lo único que se dedica es a convocar concursitos y a hacer un derroche de dinero”, comenta en entrevista con EL PAÍS.
Para él, la política pública para la juventud del presidente Peña Nieto ha sido ausente, una situación extraña después de que la campaña presidencial del priista cambió ante la espontaneidad de la protesta juvenil. “Los jóvenes fue el sector de la población que tuvo un reclamo importante el año pasado y el que representó un verdadero contrapeso electoral al actual Gobierno”, recuerda.
Attolini habla con fluidez y seguridad, como cuando era el encargado de comunicar a la prensa sobre las acciones de Yo Soy 132. El joven reconoce que el movimiento falló. Guarda silencio unos segundos y resume los errores en una frase: “Secuestramos la causa social. Hablar de segregación, marginación y justicia nos dio voz, pero no logramos hacer gran cosa con ello, nos olvidamos de ello”.
La movilización que inició en mayo de 2012 y se formalizó en el Yo Soy 132, asegura, estuvo construida por grupos muy específicos de jóvenes – la mayoría universitarios- y descartó a otros jóvenes que no vivían en la Ciudad de México y que no pertenecían a universidades. “Pensar que el 132 es el reclamo de los jóvenes sería un abuso. Sólo es un sector de los jóvenes que lograron movilizarse en un momento específico. Y si se cree que esos son los jóvenes, nos estamos olvidando de todos aquellos que no estuvieron en el foco mediático, que no estuvieron en un lugar donde pudieran expresar sus inquietudes”, señala.
El movimiento, afirma, también fue influido por la efervescencia política de la época electoral y aprovechada por partidos políticos que tambalearon el avance de la protesta. Si Yo Soy 132 obtuvo tanta atención de los mexicanos, estima, fue sólo porque había elecciones. “En este país sólo se habla de jóvenes en dos situaciones cuando hay elecciones y tragedias. El tema de la juventud es un tema en el que se lucra política y partidistamente”, apunta mientras hace un recuento de varias tragedias.
Como parte de los 36 millones de mexicanos de entre 12y 29 años, Attolini asegura que ante un Gobierno incapaz de atender a los jóvenes, en México existe una juventud que no ha tomado las riendas de su futuro. “Ni siquiera los jóvenes hemos asumido la responsabilidad histórica que tenemos para nuestra comunidad, para entender que la lucha es del día a día. La juventud no se va a movilizar porque no hay un clivaje partidista que lo motive, porque no le ven sentido”.
Este joven originario de Torreón estudia el cuarto año de universidad y aún no tiene claro qué hará después de su graduación. Afirma que no tiene muchas esperanzas para el futuro pero reconoce que no le preocupa demasiado porque sabe que hay muchos jóvenes que tienen menos oportunidades que él. Tiene el sueño de trabajar en las Naciones Unidas, tal vez algún día cuando deje de ser joven.