29 de septiembre de 2013

La agricultura familiar es clave para la seguridad alimentaria de América Latina


SEGÚN EL INFORME PERSPECTIVAS DE LA AGRICULTURA Y DEL DESARROLLO RURAL EN LAS AMÉRICAS 2014, DE LA CEPAL, FAO E IICA:


Redacción Bolpress

En la mayoría de los países en desarrollo la agricultura en pequeña escala es la principal productora de alimentos consumidos a nivel nacional, y también la principal fuente de empleo en las zonas rurales. Los pequeños productores, los circuitos de producción y consumo locales y la recuperación de cultivos tradicionales desempeñan un papel importante en la reducción del hambre, y por ello la ONU declaró al 2014 Año Internacional de la Agricultura Familiar.


La Revolución Verde de la década de 1960 aumentó la disponibilidad per cápita de alimentos en más del 40%, pero a costa de una pérdida de la diversidad alimentaria al centrarse en unos pocos cultivos y con un grave impacto sobre el medio ambiente debido al uso intensivo de productos químicos. Según el director general de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) José Graziano da Silva, la globalización “ha creado una cierta homogeneidad de productos, perdiendo la riqueza de distintas culturas culinarias y de la biodiversidad agrícola”.
Se estima que alrededor de siete mil especies de plantas se han cultivado o consumido como alimento a lo largo de la historia, pero en la actualidad muchas de estas especies están desapareciendo y la gran mayoría de la población basa su dieta calórica en sólo cuatro cultivos: el arroz, el maíz, el trigo y las papas.
“Nuestra dependencia en pocos cultivos tiene consecuencias negativas para los ecosistemas, para la diversidad alimentaria y para nuestra salud. La monotonía alimentaria aumenta el riesgo de deficiencia de micronutrientes… Si perdemos los demás recursos únicos e irremplazables, nos será más difícil adaptarnos al cambio climático y garantizar una alimentación sana y diversificada para todos”, advierte el director de la FAO. [1]
Graziano da Silva afirma que las especies olvidadas e infrautilizadas “desempeñan un papel crucial en la lucha contra el hambre y constituyen un recurso clave para el desarrollo agrícola y rural. Cada región tiene diversos cultivos que no son productos básicos y que se han utilizado en el pasado como alimentos. Un ejemplo es la quinua, de la que se celebra en 2013 su año internacional”. [2]
Felizmente, resalta la FAO, ahora existe una tendencia hacia el cultivo y la comercialización de alimentos tradicionales, hacia la mejora de la infraestructura y los mercados locales, y a ayudar a los más de dos mil millones de agricultores familiares que producen el 70% de los alimentos consumidos en el mundo, todo lo cual es positivo para el medio ambiente y la economía de las zonas rurales, donde el hambre tiene mayor incidencia.
Según el director de la FAO, los pequeños productores, los circuitos de producción y consumo locales y la recuperación de cultivos tradicionales cumplen un papel importante en la reducción del hambre. Es así que, con el fin de sensibilizar a los gobiernos y a la opinión pública sobre la importancia y la contribución de la agricultura familiar a la seguridad alimentaria, Naciones Unidas celebrará en 2014 el Año International de la Agricultura familiar (AIAF 2014).
La población dedicada a la agricultura representa el 70% de la población económicamente activa, y la mayoría se dedica a la producción de autoconsumo, donde sobresale la producción de granos básicos como maíz y arroz. En promedio, las explotaciones familiares tienen un tamaño de 4,1 hectáreas, mientras que las producciones no familiares abarcan en promedio 493 hectáreas.
Este sector es un pilar de la seguridad alimentaria de los países de América Latina y el Caribe (ALC): el 80% de las explotaciones agrícolas de la región son parte de la agricultura familiar, la cual genera alrededor del 70% del empleo agrícola. Solo en los países del Mercado Común del Sur (Mercosur) la agricultura familiar involucra a 20 millones de personas directamente en los predios, y da empleo directo a cerca de 10 millones de personas. En términos de producción también es importante: en Brasil aporta el 38% de la producción agropecuaria, el 30% en Uruguay, el 25% en Chile, el 20% en Paraguay y el 19% en Argentina.
Otro dato relevante es la participación femenina en la producción: de las 10.189 explotaciones agrícolas familiares, el 35% (3.537 explotaciones) es gestionado por mujeres. En ALC el porcentaje de mujeres a cargo de explotaciones agropecuarias ha crecido en los últimos años, aunque sus predios tienden a ser de menor tamaño, de menor calidad, y enfrentan menor acceso a crédito, asistencia técnica y a capacitación, según la primera Nota de Política sobre las Mujeres Rurales de la FAO. [3]
El documento refiere que Chile encabeza a los países de ALC, con el 30% de sus explotaciones agrícolas a cargo de mujeres, seguido por Panamá (29%), Ecuador (25%) y Haití (25%). Los países en los cuales hay menor número de hogares al mando de mujeres son Belice (8%), República Dominicana (10%), El Salvador (12%) y Argentina (12%). [4]
“Tomando en cuenta que el Cono Sur de América Latina es el principal productor de alimentos de la región, queda claro que el aporte de las agricultoras y agricultores familiares a la seguridad alimentaria, a la disponibilidad de alimentos y a las economías nacionales los convierte en protagonistas de la lucha contra el hambre”, destaca el representante regional de la FAO para ALC Raúl Benítez.
Ante las limitaciones para agregar nuevas tierras a la agricultura, la producción adicional de alimentos en ALC se puede lograr a través del incremento de la productividad del sector, un objetivo en el que la agricultura familiar tiene un papel fundamental, indica un informe presentado ayer en Buenos Aires en el Encuentro de Ministros de Agricultura de las Américas 2013.
El documento Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas 2014: una mirada hacia América Latina y el Caribe fue elaborado en forma conjunta por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la Oficina Regional para América Latina y el Caribe de la FAO y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). La publicación incluye un capítulo especial sobre la situación y las expectativas de la agricultura familiar en ALC, además del análisis del contexto macroeconómico, de los sectores agrícola, ganadero, forestal y pesquero, del bienestar rural y de la institucionalidad del agro.
A juicio del director general del IICA Víctor M. Villalobos, “la agricultura familiar es la actividad económica con mayor potencial para aumentar la oferta de alimentos de la región, reducir el desempleo y sacar de la pobreza y la desnutrición a la población más vulnerable de las zonas rurales”. Raúl Benítez agrega que para lograr esos cometidos “es indispensable fomentar la innovación y la generación de tecnología, así como promover la inclusión de la agricultura familiar en las cadenas de valor y la retención de los jóvenes en el campo”.
La CEPAL, la FAO y el IICA señalan que para tener mayor conexión con el mercado, la agricultura familiar debe adaptar sus métodos de producción a las nuevas exigencias, aprovechando, por ejemplo, el incremento en la cobertura de las telecomunicaciones en las zonas rurales, que permitiría acceder a más y mejor información y mejorar así las capacidades de producción, gestión y negociación.
Contexto macroeconómico y análisis agrícola
La FAO reconoce que ha habido una fuerte contracción del gasto público en la agricultura en los países en desarrollo, sobre todo en ALC, donde el gasto público en agricultura respecto del total cayó del 6,9% en 1980 al 1,9% en 2007. Esta proporción es de hecho la más baja entre todos los países en desarrollo, y contrasta con cifras como la de Asia del Este y Pacífico (6,5%) y la del Sur de Asia (4,9%).
A pesar de la desaceleración agrícola de la región en 2013, para 2014 se esperan condiciones económicas que pueden favorecer el desarrollo económico y el crecimiento agrícola regional. “Estas tendencias deberán apuntalarse con políticas dirigidas no solo a mejorar los rendimientos de la agricultura comercial, sino también potenciar la inclusión exitosa de la agricultura familiar en las cadenas de valor”, recomienda la secretaria Ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena.
Luego de la desaceleración experimentada el año pasado, en 2013 la tasa de crecimiento del producto interno bruto (PIB) de ALC se estabilizaría en torno al 3%, para remontar a entre 3,5% y 4% en el 2014. Se espera que la producción de cereales (el grupo de alimentos más importante en la dieta humana) alcance cosechas récord en el norte y sur del hemisferio, que aliviarían parcialmente los impactos negativos que la variabilidad climática causó en estos y otros cultivos en 2012.
A partir de 2014 la producción y las exportaciones agrícolas de la región recibirían el impulso de la recuperación de la demanda mundial, que a su vez será alentada por el crecimiento de los países en desarrollo y la expansión de su clase media, siempre y cuando no haya efectos adversos por condiciones climáticas extremas o por una mayor debilidad del dólar.
La CEPAL, FAO e IICA estiman que durante la próxima década los precios agrícolas bajarán en términos reales, por lo que se deben tomar medidas para aumentar la inversión, la productividad y la eficiencia de la agricultura, de manera que el sector logre enfrentar de mejor forma los riesgos climáticos y económicos, que tienen efectos más prolongados en los precios.
Las tres agencias recomiendan tres tipos de políticas para afianzar las expectativas de crecimiento de la agricultura regional, referidas a la adaptación de la producción a la demanda mundial y al clima; a la sanidad e inocuidad de los alimentos (SAIA), y al funcionamiento de los mercados y el comercio. En el primer caso, sugieren a los países de ALC tratar de aprovechar las oportunidades que surjan del crecimiento de la demanda mundial por alimentos y apoyar las políticas de mitigación de los impactos del cambio y la variabilidad climática sobre la producción y las poblaciones rurales.
En el segundo grupo de políticas, proponen fortalecer la capacitación de los recursos humanos y modernizar los sistemas de SAIA de los países, mientras que en el tercer caso enfatizan en la necesidad de promover la cobertura y el acceso a los seguros agrícolas como herramienta para la gestión de riesgos.
Oportunidades para los pequeños productores
Los elevados precios de los alimentos son vistos por muchos responsables de la elaboración de políticas como una oportunidad para los pequeños agricultores de producir más y ganar más. Pero la experiencia demuestra que, a menudo, los campesinos no han respondido como se esperaba.
“El elevado nivel de los precios, los riesgos de la producción y la incertidumbre, y el limitado acceso a las herramientas para gestionarlos disuaden la inversión en nuevas tecnologías más productivas que permitan a los pequeños agricultores producir excedentes para la venta en los mercados. También las infraestructuras inadecuadas, los altos costos de almacenamiento y transporte, y mercados no competitivos limitan la producción de excedentes comercializables”, evalúa el director de la División de Comercio y Mercados de la FAO David Hallam.
Teniendo en cuenta estas limitaciones, no sorprende que la respuesta de muchos pequeños productores al reciente incremento en los precios de los alimentos haya sido un tenue incremento de la oferta.
Aunque la agricultura a pequeña escala es la principal fuente de alimentos en los países en desarrollo, la brecha entre los rendimientos obtenidos por los agricultores y los potenciales se estima en 76%; es decir, los agricultores producen menos de una cuarta parte de lo que podrían. En Centroamérica y el Caribe esta brecha es del 65%, es decir, los pequeños productores producen menos de un tercio de su potencial de rendimiento. En los países en desarrollo, esta diferencia es a menudo superior al 50%.
En ese contexto, la FAO recomienda adoptar y aplicar políticas diferenciadas para impulsar la producción de los pequeños agricultores, lo que implica un mejor conocimiento de las familias rurales y las limitaciones que enfrentan. “Al igual que los pequeños campesinos son un grupo heterogéneo, los mercados en los que participan también difieren en cuanto a su tamaño, ubicación geográfica, conectividad a otros mercados, relaciones de poder entre los agentes del mercado y el marco institucional”, describe la FAO.
“Los pequeños agricultores deben estar más integrados en los mercados con el fin de reducir el hambre y la pobreza; y las intervenciones de política que buscan fomentan mayores niveles de producción de los pequeños agricultores deben tener más en cuenta la heterogeneidad de las familias rurales”, dice David Hallam. [5]
De ahí que “animar a los productores de semi-subsistencia a participar más en los mercados locales y apoyar a los productores más comerciales para que tengan mayor acceso a cadenas de valor más sofisticadas plantea diferentes desafíos sobre sus capacidades y su voluntad para aumentar su producción destinada a la venta. No existe, por lo tanto, una solución de ‘talla única’ para fomentar una mayor participación en el mercado”, recalca Hallam.
Según el director de Comercio y Mercados de la FAO, en primer lugar está la necesidad de mejorar los vínculos con los compradores. Los agricultores no estarán dispuestos a gastar mayor tiempo, dinero y energía en producir más si es probable que el excedente que producen se pierda porque no existe la capacidad de almacenarlo, transportarlo o si no hay un mercado a una distancia razonable.
Además, los pequeños agricultores invierten generalmente su propio dinero, al contar con poco acceso al crédito o seguros en caso de dificultades, como condiciones climáticas desfavorables. Esta combinación de factores complejos significa que los enfoques para la participación de los pequeños agricultores en los mercados tienen que ser diferenciados en forma acorde.
Por otro lado, aunque la ciencia y la tecnología deben impulsar el incremento de la productividad y la producción agrícola, Graziano da Silva recalca que la tecnología no puede ser simplemente exportada de un país a otro y esperar que funcione a la perfección, sino que debe adaptarse a las condiciones locales.
Según el director de la FAO, “la agricultura es muy sensible y específica de un lugar concreto. El suelo, el clima, la disponibilidad de agua y muchos otros factores influyen en cómo una tecnología funcionará en otro sitio (...) tenemos que preguntar a los agricultores qué necesitan, qué quieren, ver qué podría encajar, cómo debe adaptarse y garantizar que todo lo que hacemos termina perteneciendo a los propios agricultores”.
Notas:
1. Seminario internacional Cultivos del pasado y nuevos cultivos para hacer frente a los retos del Siglo XXI, Córdoba 2012.
2. Graziano valora especialmente a la quinua, cultivada por los pueblos andinos de América del Sur, porque es “el único cereal que contiene todos los aminoácidos que necesita el ser humano. Además, se adapta bien a todas las altitudes donde se cultivan especies, desde el nivel del mar hasta los Andes”. Fuente: Los cultivos infrautilizados son clave para afrontar los desafíos agrícolas y alimentarios del futuro - Graziano da Silva
4. La proporción de explotaciones agrícolas encabezadas por mujeres se ha incrementado en Paraguay de 9% en 1991 a 22% en 2008; en Chile pasó del 21% en 1997 al 30% en 2007; y en Nicaragua aumentó de 18% en 2001 a 23% en 2013. Si bien existe heterogeneidad entre los países, se observan dos constantes en relación a las mujeres a cargo de explotaciones agrícolas: tienden a encabezar terrenos productivos de menor tamaño en comparación a los dirigidos por hombres, y aquellos de menor calidad y potencial agrícola. También existe una brecha significativa en contra de las mujeres en términos de asistencia técnica, capacitación y acceso al crédito.
5. Informe Integración de los pequeños campesinos en mercados alimentarios cambianteshttp://www.fao.org/docrep/018/i3292e/i3292e.pdf