Por: Boris Bernal Mansilla
Dedicatoria:
Este texto está dedicado con profundo reconocimiento a Iván Dueñas y al Rancho I.R. Tierra de Caballos, un espacio pionero y el único en la ciudad de La Paz que mantiene viva y cotidiana la práctica de la doma natural, demostrando en los hechos que el diálogo, la paciencia y la comprensión etológica siguen siendo el camino más noble entre el ser humano y el caballo.
En el imaginario contemporáneo, la denominada doma natural (natural horsemanship) suele presentarse como una corriente surgida en la segunda mitad del siglo XX, impulsada por maestros norteamericanos como Tom Dorrance, Pat Parelli o Monty Roberts, y sistematizada en Europa a través de los estudios etológicos de Lucy Rees. Este enfoque metodológico se distingue por sustituir la coerción física con la comprensión de la psicología equina, apoyándose en el lenguaje no verbal y en el principio operativo de presión y liberación. Sin embargo, rastrear las raíces éticas y técnicas de esta disciplina exige retroceder veinticuatro siglos hasta la Grecia clásica, donde Jenofonte de Atenas, discípulo directo de Sócrates, estableció las bases de una relación fundada en la ausencia de violencia (Jenofonte, s. IV a. C./1998).
La tradición filosófica occidental ha recurrido con frecuencia a la figura del caballo, aunque casi siempre desde un plano alegórico o metafísico. Platón, condiscípulo de Jenofonte, elaboró en el Fedro el célebre mito del carro alado para representar el alma humana mediante dos corceles de naturaleza opuesta guiados por el auriga de la razón (Platón, s. IV a. C./1993). Siglos más tarde, René Descartes redujo la condición animal a un mecanicismo estricto en su tesis del “animal-máquina”, despojando a las criaturas de sensibilidad (Descartes, 1637/2009). En reacción a esa deshumanización, Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche asumieron en el siglo XIX una postura ética de confrontación frente al maltrato animal, reivindicando la compasión como límite ontológico ante el dolor de la voluntad viviente (Schopenhauer, 1819/2004; Nietzsche, 1886/2000). Ya en el siglo XX, José Ortega y Gasset dedicó páginas memorables a la compenetración vital y ancestral entre el ser humano y el animal en el marco de la naturaleza (Ortega y Gasset, 1929/2004).
Pese a la hondura de estas reflexiones, Jenofonte permanece como el único pensador de talla filosófica que transformó la teoría en manuales técnicos de campo. Aunque reconoció como antecedente a Simón de Atenas, fue él quien sistematizó de manera orgánica el manejo y la psicología equina en dos tratados cardinales: Sobre la equitación y El hipárquico, complementados por sus observaciones en la Cinegética (Jenofonte, s. IV a. C./1998).
La impronta socrática en Jenofonte no es un mero recurso retórico, sino el fundamento de toda su doctrina ecuestre. En Sobre la equitación, expone principios que anticipan con exactitud la moderna doma racional. El primero de ellos es la proscripción absoluta de la ira: el jinete jamás debe acercarse al caballo movido por la cólera, pues la fuerza bruta nubla el juicio pedagógico. Asimismo, introduce el principio de alivio y recompensa, señalando que la obediencia duradera no se logra mediante el castigo, sino haciendo que la respuesta deseada represente sosiego y bienestar para el animal. A ello añade un análisis minucioso del aplomo, los cascos, la morfología y los miedos instintivos del caballo, advirtiendo con agudeza que lo que un caballo hace por la fuerza lo hace sin entendimiento y carece de belleza, del mismo modo que un bailarín obligado a danzar a golpes y espuelas (Jenofonte, s. IV a. C./1998).
El rescate del pensamiento de Jenofonte adquiere plena vigencia en la contemporaneidad. La doma natural no es una mera técnica de adiestramiento deportivo, sino una postura ética y ecológica frente al mundo biológico. Al sustituir la coacción por la escucha etológica, se elimina la dependencia de artificios punitivos y se promueve un modelo de convivencia basado en la preservación del entorno y el respeto a la biorregulación animal. La equitación, bajo este prisma, deja de ser un acto de sometimiento para convertirse en un diálogo auténtico, donde la nobleza del movimiento surge de la voluntad compartida y de la templanza de la razón humana.
Referencias
1) Descartes, R. (1637/2009). Discurso del método (M. García Morente, Trad.). Alianza Editorial.
2) Jenofonte. (s. IV a. C./1998). Sobre la equitación (F. Romero, Trad.). Gredos.
3) Jenofonte. (s. IV a. C./1998). El hipárquico (F. Romero, Trad.). Gredos.
4) Jenofonte. (s. IV a. C./1998). Cinegética (F. Romero, Trad.). Gredos.
5) Nietzsche, F. (1886/2000). Más allá del bien y del mal (A. Sánchez Pascual, Trad.). Alianza Editorial.
6) Ortega y Gasset, J. (1929/2004). Meditaciones del Quijote. Espasa Calpe.
7) Platón. (s. IV a. C./1993). Fedro (C. García Gual, Trad.). Gredos.
8) Schopenhauer, A. (1819/2004). El mundo como voluntad y representación (P. López de Santamaría, Trad.). Trotta.