Ampliar la frontera agrícola o mejorar la productividad agropecuaria
Por: Eulogio Nuñez Aramayo (*)
Últimamente, el gobierno nacional y el sector agroindustrial de
Santa Cruz han estado hablando de ampliar la frontera agrícola en
Bolivia con la finalidad de garantizar la seguridad alimentaria de la
población. Actualmente en nuestro país existen 2,9 millones de
hectáreas cultivadas con producción agrícola y para el año 2020 se
pretende llegar a 10 millones, según
declaraciones del Viceministro de Desarrollo Agropecuario y Rural,
Víctor Hugo Vásquez.
Si la ampliación de la frontera agrícola implica: seguir
deforestando bosques tropicales (250 mil a 300 mil ha por año
según datos de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques
y Tierras, ABT); seguir utilizando las quemas como parte de las
prácticas agrícolas y pecuarias dañando así la salud humana y la
biodiversidad (ABT: 4,88 millones de ha. quemadas en
2010); seguir cultivando en suelos que no tienen vocación para la
agricultura intensiva (según la Plataforma Nacional de Suelos 41% de
los suelos sufren procesos de degradación). Si todo esto implica la
ampliación de la frontera agrícola, característica del
modelo de producción de monocultivos agroindustriales, con alta
mecanización agrícola y dependencia de agro tóxicos
(venenos), estaríamos yendo al despeñadero y con seguridad el remedio
sería peor que la enfermedad.
Pretender ampliar la frontera agrícola a 10 millones podría
implicar seguir deforestando bosques tropicales, en muchos casos de
forma ilegal. En nuestro contexto sería más adecuado hablar de mejorar
la productividad agrícola, pecuaria y forestal, que en la
mayoría de los rubros agrícolas y pecuarios es muy baja en comparación a
países vecinos. Por ejemplo, en producción
de papa Bolivia tiene un rendimiento de 5,49 tm/ha, Perú tiene 9,4
tm/ha; en producción de arroz nuestro rendimiento es de 2,73, tm/ha,
Argentina 6,54 tm/ha y Brasil 4,78 tm/ha.
Para mejorar la productividad agrícola se debe: impulsar políticas
públicas audaces y recuperar los suelos que están
en proceso de degradación; erradicar las quemas como parte de las
prácticas agrícolas y pecuarias; incentivar la
utilización de prácticas y técnicas agroecológicas amigables con el
medio ambiente y adecuadas a cada contexto; e
invertir en sistemas de riego, entre otros. La producción diversificada
respetando la vocación de uso mayor de suelos y valorando
los conocimientos locales, es una alternativa que durará mucho tiempo.
Siendo la población rural en Bolivia el 37,5% del total, es
fundamental que el gobierno nacional y los gobiernos autónomos
subnacionales, prioricen la inversión pública en infraestructura
productiva; incentiven iniciativas productivas agroecológicas
diversificadas acorde con la vocación de uso mayor de los suelos;
incrementen su capacidad en investigación agropecuaria y forestal;
promocionen tecnologías con energías alternativas; presten asistencia
técnica y formación de recursos humanos para el
desarrollo rural integral sustentable en todos los municipios del país;
prioricen el potenciamiento de los mercados locales y la
transformación de la producción agroecológica, antes de la exportación
de materias primas; focalicen esfuerzos
técnicos y económicos (políticas públicas) a favor de la producción
diversificada de familias, comunidades y
organizaciones económico-productivas indígena originaria campesinas y
afrobolivianas del país que, creemos, sería apostar
a lo seguro para fortalecer la seguridad y soberanía alimentaria a
mediano y largo plazo en Bolivia, que así sea.
(*) Eulogio Nuñez Aramayo es Director de CIPCA Santa Cruz
