El cambio climático, la urbanización y el extractivismo agravan el estrés hídrico en América Latina
SENA-Fobomade
Los países de América Latina y el Caribe enfrentan varios desafíos para la gestión del agua, entre ellos las variaciones en el clima y la hidrología, la urbanización excesiva y factores macroeconómicos relacionados con la exportación de materias primas, evalúa el último Informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo (WWDR4). En la Unión Europea, la producción agrícola consume una cuarta parte del agua que proviene del medio natural.
En 1993 la ONU
instauró el 22 de marzo de cada año como el Día Mundial del Agua.
Naciones Unidas escogió como lema del decenio 2005-2015 “El agua, fuente
de vida”. En 2011 adoptó como lema “Agua para las ciudades:
respondiendo al desafío urbano”, y este año el lema fue “El agua y la
seguridad alimentaria”.
Un informe de la ONU presentado en el VI Foro Mundial del Agua que se
celebró en Marsella advierte que la escasez de agua es uno de los
principales problemas del siglo XXI para mil millones de personas. En la
actualidad un tercio de la población vive en situación de estrés
hídrico. Se estima que 1.600 millones de personas habitan en países o
regiones con una absoluta escasez de agua, y para el 2025 dos tercios de
la población del planeta podrían vivir bajo condiciones de estrés
hídrico.
El cambio climático, la mala gestión y distribución de los recursos,
la rápida urbanización y la contaminación son las amenazas más
significativas para las fuentes hídricas del planeta.
Además del consumo humano y su uso agrícola, el agua es vital en
muchos procesos industriales y en la generación de energía, por lo que
su carencia impacta directamente en el desarrollo socioeconómico de los
países. “El aumento en la demanda global de recursos mineros, agrícolas y
energéticos hará que aumente también la demanda de agua”, alertó el
estudio de la ONU.
El 22 de marzo de 2012 la FAO destacó la importancia de atender la
demanda de productos agrícolas en una forma que permita conservar el
agua. La agricultura, esencial para proporcionarlos alimentos que la
creciente población demanda, consume cerca del 70% del agua dulce.
En la actualidad hay siete mil millones de habitantes en el planeta y
se espera que para 2050 esta cifra aumente en dos mil millones
adicionales. Dicho crecimiento demográfico exigirá una producción de
alimentos superior en 70% a la actual y 19% más de agua. Cada ser humano
bebe diariamente entre dos y cuatro litros, la mayor parte incorporada a
los alimentos. Para producir un kilo de carne vacuna se consumen 15 mil
litros de agua, y 8.500 para obtener igual cantidad de trigo.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)
puso de relieve otra preocupación: Las políticas contra la
contaminación del agua por los usos agrícolas no han dado resultados
satisfactorios en los últimos 10 años. A juicio de los expertos, la
agricultura es una de las principales fuentes de contaminación del agua,
por lo que, entre otros desafíos, urge reducir el empleo de abonos,
pesticidas o productos veterinarios.
“A menos que incrementemos nuestra capacidad de utilizar el agua
sabiamente en la agricultura, no conseguiremos acabar con el hambre y
daremos paso a una serie de problemas diversos, incluyendo sequía,
hambruna e inestabilidad política”, advirtió el secretario general de la
ONU Ban Ki-moon el pasado 22 de marzo.
Estrés hídrico en América Latina
Según el informe WWDR4 presentado en Marsella en el VI Foro Mundial
del Agua, presiones externas en constante evolución, tales como las
crisis financieras internacionales, la inestabilidad política, el
aumento de la demanda de recursos naturales y materias primas, y mayores
incertidumbres relacionadas con el cambio climático complican la
gestión de fuentes de agua en América Latina.
Uno de los problemas del agua que ha surgido es el gran peso de las
poblaciones urbanas en el proceso político y, de manera más general, en
que éstas desempeñan también un papel más activo en las políticas
locales. Según el informe WWDR4, Latinoamérica es la región en
desarrollo más urbanizada del mundo, ya que más del 80% de la población
vive en pueblos y ciudades de más de un millón de habitantes.
“En los últimos años se han registrado masivos desplazamientos de
población de zonas rurales a zonas urbanas, así como grandes flujos
migratorios entre ciudades que han resultado en un sistema urbano
caracterizado por un alto porcentaje de grandes ciudades (con más de un
millón de habitantes) y, en algunos países, una alta concentración de la
población en la ciudad o en las dos ciudades más pobladas”.
También se ha producido un progresivo –y a veces agresivo–
asentamiento poblacional en zonas que históricamente eran de población
dispersa y se encuentran en el centro de la región, en particular en
torno a cuencas de los ríos Amazonas y Orinoco.
Pese a que se frenó la tasa de crecimiento de la población en la
región (actualmente es de 1,3%) y se espera que caiga a menos de 0,5% en
2050, en los últimos 40 años la población urbana se ha triplicado y se
espera que alcance 609 millones de habitantes en 2030 (actualmente es de
unos 460 millones de habitantes).
Por otro lado, los cambios económicos también tienen consecuencias en
el uso del agua y la demanda de ésta. “La incertidumbre en el nivel y
la naturaleza de la demanda en el mercado mundial siempre han complicado
la gestión del agua en América Latina y el Caribe, ya que las economías
locales se expanden, se contraen y se ajustan según las fluctuaciones
de la economía mundial, y, de esta manera, cambian el modo en que deben
tomarse las decisiones de gestión y aplicarse las políticas”, explica el
informe de la ONU.
La producción de bienes de consumo se financia en gran manera con
capital externo y muchas de las instalaciones son de propiedad
extranjera. El resultado es que el mayor motor de crecimiento económico
en la región, cuya producción demanda además abundantes recursos
hídricos, está sujeto a muchos factores que caen fuera del control
directo de los gobiernos nacionales, subraya el informe.
“Con las excepciones de México y algunos otros pequeños países de
Centroamérica, los países de la región basan gran parte de su economía
en la exportación de recursos naturales. La demanda global de estos
productos ha aumentado considerablemente en los últimos años.
“La demanda internacional ha hecho que en los últimos años la
extracción minera se incremente en un 56% y, a pesar del actual freno de
la economía mundial, es de esperar que la minería continúe
desarrollándose”. La expansión de la minería de cobre y oro en Chile y
Perú se da sobre todo en zonas áridas, lo que produce una competición
por un agua ya escasa tanto por parte de la agricultura de exportación
como para cubrir las necesidades de las poblaciones indígenas.
La demanda relacionada con el turismo también contribuye a
intensificar el estrés hídrico en muchas islas del Caribe. Además, la
producción de café precisa grandes cantidades de agua y su procesamiento
puede afectar gravemente a la calidad del agua.
“El crecimiento económico continúa en la región y el aumento en la
demanda global de recursos mineros, agrícolas y energéticos hará que
aumente también la demanda de agua. Por ejemplo, es de esperar un
incremento en el uso del agua para producir energía a medida que aumente
el crecimiento económico”.
La ONU estima que el 53% de la electricidad de la región es de origen
hidráulico, y, entre 2005 y 2008, aumentó en un 7% la capacidad de
producción de este tipo de energía. “Como se espera que gran parte de la
demanda energética se cubra con energía de origen hidráulico, será
necesario estudiar cómo mantener el equilibrio en la demanda de agua
para éste y otros usos opuestos (incluidos los ecosistemas y sus
servicios)”.
Impacto del cambio climático
A consecuencia del cambio climático, para los agricultores será cada
vez más difícil acceder a suministros de agua seguros y constantes. Las
repercusiones variarán enormemente de un lugar a otro. Los científicos
prevén que las temperaturas elevadas beneficiarán a la agricultura de
las latitudes septentrionales, mientras que una gran parte de las
regiones tropicales áridas y semiáridas afrontarán una disminución de
lluvias y escurrimientos, que son muy importantes para reabastecer el
agua de los ríos y los lagos.
Se prevé que para 2060 los cambios en la precipitación pluvial, la
evaporación del agua desde el suelo y la transpiración (el vapor que
despiden las plantas) reducirán el escurrimiento en algunas partes del
mundo, como el Cercano Oriente, América Central, el norte del Brasil, la
zona occidental del Sahara y el sur de África. En cambio, el
escurrimiento aumentará en el norte de Europa, el norte de China, África
oriental y la India.
Las más afectada será la agricultura de secano, que comprende el 96%
del total de la superficie agrícola de África subsahariana, el 87% en
América del Sur y el 61% en Asia. En las zonas marginales semiáridas con
prolongadas estaciones secas habrá mayor riesgo. Se estima que en el
decenio de 2080 la superficie no apta para la agricultura de secano en
África subsahariana podría aumentar de 30 a 60 millones de hectáreas.
La irrigación también corre riesgos en las grandes cuencas fluviales y
los deltas de los ríos Nilo, Ganges-Brahmaputra, Mekong y Yangsté,
debido a la disminución del escurrimiento, la salinidad, el incremento
de las inundaciones y del nivel del mar, así como por la contaminación
urbana e industrial.
Según el informe sobre la pobreza 2011 del Fondo Internacional para
el Desarrollo Agrícola (FIDA), el costo anual de adaptación al cambio
climático en la agricultura en los países en desarrollo oscila entre
7.000 millones y 12.000 millones de dólares al año.
Muchas zonas de América Latina y el Caribe han estado siempre sujetas
a fenómenos climáticos extremos tales como inundaciones, sequías y
variaciones climáticas relacionadas con el fenómeno del El Niño. El
esperado aumento en la frecuencia, duración e intensidad de este tipo de
fenómenos multiplicará los riesgos.
La ONU “observa una incapacidad general para crear instituciones
capaces de enfrentar la gestión del agua en condiciones de escasez y
conflicto. La situación no mejora debido a la debilidad de las
instituciones de gestión, a una capacidad de acción insuficiente, a la
informalidad, a la ausencia de autofinanciamiento, y la consiguiente
dependencia de un apoyo político cambiante y a la falta de información
fiable en la mayoría de las áreas relacionadas con la gestión del agua,
incluido el recurso en sí, sus usos, sus usuarios y las necesidades
futuras”.
El informe WWDR4 vaticina que los países más pobres de Centroamérica,
el Caribe y la región andina serán los más expuestos a sufrir las
consecuencias del cambio climático. El ejemplo más claro de ello es
Haití, particularmente vulnerable debido a la deforestación, una
topografía difícil, la pobreza y la falta de infraestructuras públicas.
“Los glaciares de la región ya están en retroceso debido al cambio
climático. Este retroceso afecta al abastecimiento de agua de unos 30
millones de personas en la región. Cerca del 60% del agua de Quito
(Ecuador) y 30% de la de La Paz (Bolivia) procede de glaciares. En Perú,
los glaciares han perdido ya 7.000 millones de metros cúbicos, una
cantidad que bastaría para abastecer a Lima durante 10 años. Las
sequías, frecuentes, causaron serias pérdidas económicas en la región y
entre 2000 y 2005 afectaron a 1,23 millones de personas”.
Frente a estos problemas, la FAO recomienda incluir medidas de
adaptación y atenuación para la gestión del agua destinada a la
agricultura en los planes nacionales de desarrollo; promover medidas
técnicas y de gestión para incrementar la flexibilidad de la agricultura
de secano y la de irrigación, y reducir la pérdida de agua en los
sistemas de producción con irrigación.
En Bolivia, el gobierno Evo Morales inició la segunda versión del
programa Más Inversión para el Agua (Mi Agua), luego de la ejecución de
más de mil proyectos en la primera etapa con una inversión de 709
millones de bolivianos. El Fondo Nacional de Inversión Productiva y
Social instaló 51 mil conexiones domiciliarias, más de 16 mil redes
complementarias y 2.500 kilómetros de tuberías. (ABI)
El uso del agua en Europa
Europa debe redoblar esfuerzos para hacer un uso más eficiente del
agua y evitar que su economía se vea afectada. El uso ineficaz del agua
tiene efectos negativos en los recursos de los que dependen los
ecosistemas y las personas, dos elementos esenciales para la
productividad y la seguridad europeas, advierte un reciente informe de
la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), titulado Hacia un uso
eficiente de los recursos hídricos en Europa.
La presión sobre los recursos hídricos está aumentando en muchas
zonas de Europa, y la situación empeora. La agricultura, la producción
de energía, el sector industrial, el abastecimiento público de agua y
los ecosistemas se disputan este limitado recurso, y el cambio climático
está disminuyendo la previsibilidad del abastecimiento, advierte
Jacqueline McGlade, directora ejecutiva de la AEMA.
Preocupa a las autoridades de Europa el declive de lagos, deltas
fluviales y humedales como consecuencia del cambio climático. Por
ejemplo, Francia ha perdido una quinta parte de sus tierras productivas
en los últimos 50 años. Además, cada vez con mayor frecuencia algunas
zonas de Europa tienen que competir por la obtención de recursos
hídricos.
En la eurozona, una cuarta parte del agua que proviene del medio
natural se destina al sector agrícola, aunque este porcentaje es mucho
mayor en la Europa meridional, donde puede alcanzar el 80%. Alrededor de
la quinta parte del agua va a la red de abastecimiento público, de la
que más de una cuarta parte acaba en las cisternas de los inodoros.
Por otro lado, las instalaciones hidroeléctricas modifican la
estructura natural y el caudal de los ríos y lagos, afectando
negativamente a los ecosistemas. El informe de la AEMA subraya que el
uso ineficaz del agua conlleva, además, un aumento del consumo de
energía, lo que genera costes ambientales y financieros añadidos. Así,
mientras que la energía necesaria para bombear y potabilizar agua dulce
está alrededor de 0,6 kWh/m3, para desalar agua marina son necesarios 4
kWh/m3 de más.
Históricamente, el precio del agua en Europa no ha reflejado el
verdadero coste financiero del abastecimiento de agua ni los costes
económicos para el medio ambiente. La consecuencia ha sido contaminación
y escasez de agua que, a su vez, impone costes al medio ambiente y a la
sociedad.
Un ejemplo: en general el ciudadano europeodebe pagar el coste de la
potabilización del agua que ha sido contaminada por la agricultura y la
industria. Para revertir la situación la OCDE propuso aplicar el
principio de que el que contamina paga, con el cual pretende que los
agricultores integren los costos medioambientales de su actividad.
