El Ejército israelí golpea a la población civil de la franja de Gaza
La destrucción avanza a paso de gigante sobre la franja de Gaza y a
golpe de misil del Ejército israelí. Las noticias sobre un posible alto
el fuego mediado por los egipcios cobran cierta intensidad, pero no
acaban de cuajar. Este domingo, quinto día de la operación Pilar Defensivo, ha sido especialmente sangriento.
Los niños se han llevado la peor parte. Hasta diez han muerto por los
bombardeos; cuatro de ellos eran miembros de una misma familia. Son,
según datos de France Press, parte de los al menos 31 palestinos, muchos
de ellos civiles, que han muerto solamente este domingo por las bombas,
que de momento no dan tregua, y que mantienen aterrorizada a la
población en Gaza.
Mientras, los
cohetes palestinos han vuelto a sobrevolar la frontera que separa
Israel de este territorio palestino, en dirección a Tel Aviv. Ahora
despegan desde casi cualquier lugar de la Franja causando un enorme
estruendo. Desde detrás de un hotel, al lado de un edificio de
viviendas… Las próximas horas se perfilan decisivas.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, advirtió al Gabinete
de ministros que está listo para “ampliar la operación”. No ofreció
mucho más detalles, pero la posibilidad de una invasión terrestre cobra
fuerza con el paso de las horas. A media tarde, se podía ver a nubes de
soldados merodeando por el sur de Israel. Era además constante el
trasiego de tanques subidos a camiones. El
sonido de las sirenas cada vez que sale disparado un cohete palestino y
que marca el inicio de las carreras a los refugios, completan un
paisaje que cada vez se parece más al de un país en guerra.
El ministro de Exteriores británico, William Hague, ha alertado entre
otros del peligro de una operación terrestre y de las dificultades que
supondría para parte de la comunidad internacional apoyar una invasión,
que previsiblemente se cobraría numerosas víctimas civiles. Incluso el presidente estadounidense, Barack Obama, volvió a expresar su apoyo a Israel, pero también consideró “preferible” evitar la entrada de los tanques.
La aviación israelí alcanza un centro de prensa en Gaza / OVERON / EL PAÍS
Las noticias sobre una posible incursión terrestre hace que los
vecinos del norte de la Franja huyan despavoridos. Las calles de Beit
Hanún y de Beit Lahia, al norte del territorio, ofrecían el domingo una
imagen fantasmal. No había ni un alma. Era como si hubiera caído una
bomba, pero esta vez nuclear.
Un poco más al sur, a las afueras de la ciudad de Gaza, ha sido donde
la aviación israelí ha destrozado la casa de Mohamed Dalu, un supuesto
miembro del movimiento islamista Hamás, el que gobierna en Gaza y a
cuyos líderes apenas se escucha estos días. Nueve miembros de su familia
murieron junto a él, entre ellos cuatro niños.
Las fuerzas armadas israelíes cifraron en medio centenar el número de
objetivos alcanzados el domingo. Entre ellos “puestos subterráneos de
lanzamiento de misiles y túneles con fines terroristas”. En total, al
menos 72 palestinos y tres israelíes han muerto desde el miércoles, cuando
el asesinato selectivo del jefe militar de Hamás dinamitó el precario
alto el fuego que Israel y los islamistas palestinos habían mantenido en los últimos meses. Hay también más de 500 heridos, según fuentes hospitalarias palestinas.
El jefe del estado mayor israelí, Benny Gantz, había ordenado el
domingo intensificar los bombardeos sobre la franja, en medio de rumores
sobre la inminencia de un posible alto el fuego mediado por Egipto. Los hechos sobre el terreno contradicen —al menos de momento— las filtraciones procedentes de El Cairo.
Lo que ocurrió en Gaza la noche del sábado al domingo, cuando mayor
intensidad cobraron los rumores, fue sin duda lo menos parecido a una
tregua. El Ejército israelí atacó sin freno por mar y aire. A los
bombazos de los F-16 le acompañaron los bombardeos de la marina israelí
sobre la costa de Gaza. Primero se escuchaban tres o cuatro disparos
seguidos. Después, transcurridos unos segundos de máxima tensión,
llegaba el impacto que hacía temblar la costa. El ministro israelí de
Exteriores, Avigdor Lieberman, afirmó más tarde en una rueda de prensa
tras reunirse con su homólogo francés, Laurent Fabius, que la primera
condición para cualquier acuerdo de alto al fuego es el completo cese de
los ataques con cohetes contra Israel.
Soldados israelíes desplazados a unos
kilómetros de la frontera con la franja de Gaza esperan la orden de una
posible operación terrestre. / JACK GUEZ (AFP)
Los ataques han paralizado la vida de una Franja archiacostumbrada a
todo tipo de ataques. Las escuelas están cerradas. La gente no acude a
trabajar. Siguen al minuto las explosiones, mientras tratan de confirmar
que los suyos están bien. Hay quienes el miedo o quizá la precaución
les impide salir de casa. Otros se encierran en sótanos, a falta de
refugios como los de los israelíes. Los hay que se atreven a salir
durante el día. pero que cuando cae la noche ni se les ocurre pisar la
calle. Viven a la espera de saber quién se impondrá en las próximas
horas, si los tanques o las artes diplomáticas egipcias.
