La desnutrición continúa afectando a la niñez

El coordinador de Proyectos Institucionales de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), Raúl España, informó que la desnutrición crónica continúa afectando más a los niños y niñas del país. “La desnutrición crónica se expresa en la corta edad (de la niñez) y no hemos avanzado mucho en la disminución. 
En 1998 era de 26,8 por ciento que al 2008 solo bajó a 21,8 por ciento. Lo que expresa que el nivel de desnutrición en el país es uno de los más altos (ante los índices) de América Latina”, afirmó. La seguridad alimentaria debería ser otra de las preocupaciones del Estado que podrían fortalecer la lucha contra la desnutrición crónica de la niñez, agregó España.

El último reporte oficial señala que Bolivia bajó la tasa de desnutrición crónica de niños menores de dos años al 9,7 por ciento, pero todavía forma parte de la zona roja del “Mapa del hambre”. En 2011, la FAO reportó Bolivia figura en la “zona roja” de las naciones que tienen una tasa “moderadamente alta” de hambre, en relación con el resto del mundo.

Bolivia bajó la tasa de desnutrición crónica de niños menores de dos años al 9,7 por ciento . Sin embargo, todavía forma parte de la zona roja del Mapa del Hambre.

El Programa Multisectorial Desnutrición Cero, del Ministerio de Salud, reveló que la desnutrición crónica en niños menores de dos años disminuyó del 20,7 por ciento a 9,7 por ciento en la última gestión.

No obstante, el Mapa del Hambre 2011 elaborado por el Programa Mundial de Alimentos, pone a Bolivia en la “zona roja” con una tasa “moderadamente alta” de desnutrición. Otro problema que enfrenta la población boliviana es el bajo peso en relación con la edad, por deficiencias en las vitaminas A y B, el hierro y el yodo.

Erradicar el hambre en Bolivia es una prioridad y, en esa perspectiva, las senadoras Marcelina Chávez y Clementina Garnica y los diputados Luis Alfaro y Edwin Tupa, participaron en el III Foro Parlamentario contra el Hambre, celebrado el 31 de agosto en Guatemala.

Allí asumieron, a nombre de Bolivia, el compromiso de reconocer el derecho a la alimentación de todos los ciudadanos, lo cual implica la aprobación de los presupuestos indispensables para que el Gobierno cumpla con esa tarea.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) observó la falta de compromisos políticos contra el flagelo del hambre, puesto que en América Latina hay 50 millones de personas con inseguridad alimentaria.

La reducción del hambre pasa por poner la ciencia y la tecnología al servicio de la alimentación. En la agricultura, se prevén condiciones extremas de sequía, inundaciones, erosión hídrica y eólica de los suelos, expansión de zonas desérticas y falta de agua. Por esto, hay quienes apuestan por la ciencia y la tecnología como la base para combatir el hambre, haciendo más accesibles los alimentos, reduciendo emisiones contaminantes y generando empleos.

Actualmente, Bolivia aprovecha sólo el 11 por ciento de su superficie cultivable potencial, es decir 2,8 millones de hectáreas. De ellas una mínima superficie cuenta con sistema de riego y la mayor parte es a secano. El agricultor boliviano pasa enormes dificultades en su producción, afectado por las inclemencias del tiempo, restricciones a las exportaciones, resistencia al uso de nuevas tecnologías, inseguridad jurídica, seguros discriminatorios y el veto a la exportación de semillas.

Debido al crecimiento de la población es necesario aumentar la producción agrícola.

La FAO recomienda a los países una sólida política pública nacional sobre semillas, factor clave para el desarrollo de la agricultura familiar y la seguridad alimentaria.

El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) asegura que la sumatoria de procesos tecnológicos, las condiciones naturales de Bolivia y las necesidades del mundo, pueden dar la oportunidad del “salto productivo cuantitativo y cualitativo” para pasar de la seguridad alimentaria a la “soberanía alimentaria”, considerado por el Gobierno como principal objetivo por alcanzar.

El uso de la biotecnología en la agricultura ha sido más que exitoso, pero se necesita un buen sistema regulatorio y el aliento desde las esferas públicas para la producción de semillas mejoradas en Bolivia. Asimismo se requiere una normativa clara que permita investigar y desarrollar información para las autoridades, empresas y agricultores, con miras a tener las herramientas necesarias de evaluación que los faculte para optar por las mejores tecnologías, en función de las condiciones donde se producen.

También es necesario gestionar mejor los recursos hídricos para salvaguardar la seguridad alimentaria. La agricultura, tal y como se la practica hoy, consume el 70 por ciento del total de agua dulce.

La tarea de erradicar el hambre tiene que enfrentarse cuanto antes.

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